«Los hombres hemos aspirado desde la Antigüedad a crear seres artificiales. Durante siglos el arte y la tecnología han contribuido a alimentar la ilusión de que se trata de un anhelo realizable. Santiago Koval, en este sugerente y documentado libro, indaga con fina inteligencia el modo en que el cine de ciencia ficción, desde la fundacional Metrópolis de 1926, ha reflejado y ayudado a moldear el imaginario moderno sobre robots, androides, ciborgs y poshumanos, renovado por la aceleración del desarrollo tecnocientífico que se produjo a finales del siglo XX». Dr. Diego Levis

La tecnología es el motor del cambio humano. Su evolución marca el ritmo de las civilizaciones, pero su influjo solo asume verdadera fuerza cuando viene acompañado por otra capacidad humana, que la precede y condiciona a todo momento: la imaginación. La proyección imaginaria, expresada por lo general en la forma de discurso, es el verdadero engranaje del desarrollo del medio social. Combinadas, tecnología e imaginación, forman una poderosa usina de transformación de lo real que ha ejercido presión sobre la cultura desde la noche de los tiempos.

El desarrollo tecnocientífico regula los límites de lo realizable (lo que se puede hacer), el discurso imaginario, las fronteras de lo concebible (lo que se puede pensar). El uno y el otro, retroalimentados y articulados íntimamente por la trama infatigable de la historia, despiertan en el seno social fantasías y aspiraciones de realidad entre lo posible y lo pensable, que se despiertan una y otra vez en el ideario colectivo.

Por María Agustina Melchiori. Para el blog Hablando del asunto. Publicado el 09/01/09.

La condición poshumana no es sólo un texto analítico, sino una pieza de apreciación muy bien desarrollada, atrapante e instructiva, capaz de dejar en el lector una poderosa inquietud por conocer más sobre los avances que posibilitarían en un futuro cada vez más cercano, la concreción de uno de los sueños más ambiciosos del hombre.

María Agustina Melchiori

The matrix“, la idea de un homúnculo o un artefacto autoconsciente capaz de desprenderse de su creador atraviesa todas las expresiones humanas. Con especial énfasis en dos de los campos de mayor dinamismo: el científico y el artístico.

Desde el origen del término “robots” hasta la aplicación más moderna y la proyección sobre los diferentes tipos de inteligencia artificial, Santiago Koval aborda uno de los tópicos más explorados de la ciencia ficción: la cuestión poshumana. Entendida desde distintos aspectos que se ocupa de despejar y definir en la introducción y la primera parte de su trabajo, dicha condición implica una superación de la cualidad humana intrínseca, así como de la robótica, en pos de varias combinaciones de los dos aspectos de análisis.

Por Diego Levis. Doctor en Ciencias de la Comunicación. Docente titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Durante siglos, el hombre ha ido construyendo una imagen propia que tiende a oponer el cuerpo a la mente, término impreciso que en castellano se utiliza para describir procesos psíquicos de carácter cognitivo o para expresar la propiedad intelectual del alma (principio o sustancia volátil e inaprensible). En este transitar, ha separado los sentimientos de la razón, a la que le ha atribuido ser el rango distintivo de la naturaleza humana. Incluso, se ha pensado a sí mismo y al resto de los seres vivos como máquinas con características particulares vinculadas con sus sistemas de organización, y no con sus componentes: «[A] un sistema vivo lo define su organización y, por lo tanto, […] es posible explicarlo como se explica cualquier organización, vale decir, en términos de relaciones, no de propiedades de componentes».

En tanto «máquinas de razonar», desde hace siglos y en distintas épocas y lugares, los humanos hemos concebido la posibilidad de construir seres artificiales capaces de replicar parcial o totalmente distintas funciones de los seres naturales (desde los movimientos hasta el pensamiento). Estatuas articuladas que podían moverse y emitir sonidos en el Antiguo Egipto, estatuas que cobran vida en la Grecia Clásica y máquinas de pensar en la Edad Media europea, calculadoras mecánicas y autómatas con formas humanas y de animales en los siglos XVI y XVII, y más recientemente robots y computadoras, son algunos de los distintos intentos por conseguir copiar, imitar, aumentar o extender algunas de las capacidades naturales de los seres vivos, incluso la de transmitir vida por medio de sistemas artificiales (creaciones humanas). El punto culminante de este anhelo es la creación (o recreación) de seres humanos por medios no naturales.

El ciclo de cine debate La condición humana en la era del vacío es un espacio de encuentro para la comunicación y reflexión de los problemas fundamentales de la Posmodernidad. El ciclo de debates se realizará través del análisis de filmes que buscan dar respuesta a los interrogantes planteados a la humanidad en una nueva etapa que Gilles Lipovetsky ha llamado, con justa razón, la era del vacío.

Hay escenas en la vida diaria que se modificaron. Cientos de jóvenes -otros no tanto- congregados en un parque con la vista fija en el celular regalan una imagen extraña. Pokémon Go, la fiebre de alta intensidad que invadió los grupos de Whatsapp, las redes sociales y los medios de comunicación, aún deambula por las calles de todo el mundo. Entrevista a Santiago Koval.

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

1. Introducción

La llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) a partir de la década de 1970 produjo cambios de orden cualitativo en lo tecnológico realizable (lo que es técnicamente factible) y en lo tecnológico concebible (lo que es teóricamente pensable). Estas transformaciones se han expresado respectivamente en cambios de registro material y conceptual en nuestro espíritu de época, una nueva era en la historia de la humanidad signada por el uso cotidiano y natural de las tecnologías digitales. Tanto en el dominio de la ciencia real como en el de la ciencia ficción, los discursos relativos a la integración hombre-máquina, que discurren acerca de la fusión entre biología y tecnología, apuntan en conjunto a la idea de que las TIC darán lugar, en un punto cercano, a una singularidad tecnológica, punto histórico de inflexión y cambio trascendental expresado en la aparición de androides y poshumanos, figuras artificiales ontológicamente idénticas, e incluso superiores, a los seres originales en que se inspiran.

La revolución tecnológica iniciada con la llegada del microprocesador se ha consolidado en los años noventa a partir de la convergencia material y conceptual entre biología, ingeniería genética, electrónica e informática. La aplicación de regiones tecnológicas diversas al desarrollo de máquinas humanas y humanos mecánicos ha dado lugar a un régimen de nuevos desarrollos técnicos, expresado en el surgimiento de seres artificiales híbridos, a mitad de camino entre biología natural y tecnología cultural. Este conjunto de nuevas posibilidades ha ido transformando el horizonte narrativo de los discursos asociados a esta rama de desarrollo, alimentando conforme a ello las fantasías y aspiraciones de realidad en los centros de investigación más influyentes del planeta. La mayoría de estos centros se ubican en universidades e institutos especializados en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., y sus autores y principales promotores son mayormente inventores y especialistas en tecnologías de punta que han participado desde hace años en el desarrollo de las técnicas sobre las que ahora reflexionan.

inteligencia-artificial

Ensayo escrito por Inés Bertrani para la materia Taller Multimedia, de la Universidad Argentina de la Empresa.

INTRODUCCIÓN

¿Podrán las máquinas antropomorfas en un futuro igualar o incluso superar a la inteligencia humana? En las últimas décadas, los discursos científicos y cinematográficos acerca de las nuevas tecnologías han generado una controversia acerca de la posible llegada de una “singularidad tecnológica”, expresada en el surgimiento de seres tecnológicos como el androide y el poshumano. Sin embargo, nuestra tesis de trabajo es que las máquinas jamás podrán superar al hombre, debido a que la mente humana es una estructura compleja, irreducible a fórmulas matemáticas, por ende no replicable. Así, negamos la posibilidad de una “singularidad tecnológica”, y el surgimiento de una inteligencia artificial dura, superior a la humana.

Los hombres-máquinas ya no son personajes exclusivos de la ciencia ficción. Piernas y brazos artificiales, marcapasos, anteojos, autos, computadoras y demás prótesis, además de potenciar capacidades físicas, instalan una nueva forma de ser.

Jerry Jalava, Oscar Pistorius, Rob Spence, Nadya Vessey, Neil Harbisson, Kevin Warwick, Sterlac, Eduardo Kac, Jaime del Val y muchos más que, como la mayoría de la gente de este planeta, no salen en los diarios ni asomaron sus caras en la web pero que, aún así, están por ahí: personas hasta cierto momento “comunes y corrientes” que día a día destrozan los límites y las definiciones y confirman que o bien el ser humano está en vías de extinción o bien que se está convirtiendo en este mismísimo instante en otra cosa. ¿Por qué? Porque ellos (y ellas) son cyborgs, Robo sapiens o algo más que no comprenden del todo. Sólo saben que son distintos (pero no tanto). Que sus cuerpos se fundieron con aquellas herramientas forjadas para hacer más, ver más, querer más y que no pueden vivir sin ellas como la mayoría de las personas no conciben vivir sin un brazo, una pierna, una mano hasta que irrumpe una tragedia y altera todos los puntos de apoyo.

Yo, cyborg - Diario Critica Digital - Santiago Koval La condicion poshumana

Queriéndolo o no, adoptaron para sí una categoría inventada en 1960 por el neurofisiólogo e inventor Manfred E. Clynes y el psicofarmacólogo Nathan S. Kline para referirse a futuros y plausibles seres humanos “mejorados” con un fin adaptativo: sobrevivir en entornos extraterrestres. Y al tomar la palabra “cyborg” (fusión de organismo cibernético) como segundo apellido, la hicieron (tecno)cuerpo: dejaron de ver a las tecnologías protésicas como objetos-reemplazo y las incorporaron a su entorno corporal.

La idea de que la supuesta creación del hombre y los animales por Dios, el engendramiento de los seres vivos de acuerdo con su clase, y la posible reproducción de máquinas, forman parte del mismo orden de fenómenos, es emocionalmente perturbadora, tal como las especulaciones de Darwin acerca de la evolución y el origen del hombre fueron perturbadoras. Si fue una ofensa contra nuestro propio orgullo el que se nos comparase con un simio, ahora ya nos hemos repuesto de ello; y es una ofensa aún mayor ser comparado con una máquina.

Norbert Wiener (1964)
Dios & Golem, S.A.

El impulso tecnológico orientado a la integración entre hombres y máquinas (desarrollo de «máquinas-humanas» y «humanos-maquínicos») ha ido evolucionando de forma paralela al desarrollo de la informática y otras tecnologías de la información y la comunicación (nano y biotecnología, ingeniería genética, electrónica, etc.). Así, la explosión de las tecnologías digitales durante la década de 1970, y en especial en 1980 y 1990,. ha potenciado las posibilidades de creación de máquinas-humanas y humanos-maquínicos.

Este conjunto de nuevas posibilidades creativas generó -y al mismo tiempo fue generado por- un cúmulo de ideas y argumentos de científicos que provienen de centros especializados de investigación en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., como el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y de algunas de las más importantes universidades del mundo, principalmente en los Estados Unidos. Los autores que defienden la integración entre hombres y máquinas, entre los que se destacan Raymond Kurzweil, Hans Moravec, Bill Joy, Michael Knasel, Jack Dunietz, Thomas Sturm, Rodney Brooks y Nick Bostrom, notoriamente, no son profetas del futuro, futurólogos o escritores de ciencia-ficción, sino que, en la gran mayoría de los casos, se trata de inventores y especialistas en robótica y tecnología que, desde los centros más poderosos de investigación del planeta, han participado desde hace años en el desarrollo de las tecnologías sobre las que ahora reflexionan.

El reciente estreno de Autómata actualiza temas relacionados con la tecnología y el futuro que se anticipaban ya en Metrópolis: la creación de seres artificiales, una obsesión humana de larga data. Cómo las representó la pantalla grande. Entrevista a Santiago Koval, autor de La condición poshumana: camino a la integración hombre-máquina en el cine y en la ciencia.

La condición poshumana La condición poshumana (Santiago Koval, Editorial Cinema, 2008) es una invitación a conocer el futuro de […]

La tecnología, una parte fundamental de nuestras vidas, es interpretada y utilizada de distinta manera por las diferentes generaciones. En particular, tiene un significado especial para los jóvenes, quienes parecen depender de ella.

El término ciborg, contracción lingüística de las voces inglesas cybernetic y organism, remite a un ser humano cuyo organismo ha sido sometido a un proceso de invasión tecnológica que le ha permitido, en algún sentido, superar las barreras biológicas, físicas y mentales de su propia naturaleza. Se trata de un ser originalmente humano que ha comenzado a adquirir atributos y propiedades antes reservadas a las máquinas, y se ha acercado a los productos de su propia tecnología. El ciborg es una entidad de naturaleza mixta, una criatura híbrida del imaginario cultural ubicada a mitad de camino entre la biología y la tecnología, hecha de máquina y humano, de carne y metal, de carbono y silicio, de genes y código binario.

La mitología cinematográfica asociada al imaginario ciborg nace tímidamente en 1935 en el filme “Las Manos de Orlac” (Stephen Orlac es un pianista impelido a actuar criminalmente por el influjo de las manos biológicas de un asesino que son implantadas quirúrgicamente en su organismo), continúa su rumbo en 1958 en “El coloso de Nueva York” (el cerebro de Jeremy Spenser, un prestigioso científico muerto en un accidente automovilístico, es insertado en un enorme cuerpo mecánico que opera como extensión física de sus capacidades mentales) y alcanza cierta madurez en 1964 en el filme “Dr. Strangelove” (el doctor Strangelove, ex científico nazi y asesor del presidente norteamericano, no logra controlar el impulso de un brazo mecánico implantado en su cuerpo que revela sus intenciones fascistas). Estos primeros filmes, limitados por la técnica pero prematuros en conceptos, reflejan desde el origen los miedos y fantasías asociados a la inclusión de extensiones artificiales en el organismo, y preparan de forma primitiva el imaginario vinculado a estas nuevas posibilidades técnicas.

Equipo editorial Santiago Koval (Buenos Aires, 1981) Doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. Magister […]

Conversaciones con Fender Gebiet. Extraídas de Hablando del Asunto.

Fender Gebiet dijo (09.01.09):

No entiendo ciertos aspectos de libros como éste. Entiendo la limitación de espacio, y que haya que acotar porque supongo que no pretende ser una monografía definitiva, quizá apenas un enfoque fílmico con algunos antecedentes y análisis de contexto. Pero, aparentemente, el autor se saltea toda la literatura de robots, muy anterior a cualquier película y mucho más completa.

Es evidente que al soslayar un corpus tan voluminoso de libros y autores, muchas cosas que se han discutido sobre el tema se le han perdido al autor o han sido derivadas meramente de la obra cinematográfica, muchas veces incompleta.

Nombrando a Frankenstein quizá él se refiera a la bestia de Boris Karloff (aunque técnicamente “la criatura” no era un robot), y no comprenda que el monstruo de Mary Shelley es apenas un MacGuffin, que el tema no es lo feo y bruto que le sale el experimento sino el planteo moral del límite de la ciencia, hasta dónde el hombre puede ser Dios. En libro la criatura no es la protagonista, en absoluto.