Ray Kurzweil, gurú de Google en inteligencia artificial, aseguró que para 2045 los hombres alcanzarán la “inmortalidad” al traspasar su mente a una computadora. Un especialista analizó para Infobae las implicaciones tecnológicas, sociales y morales del posible avance. La idea de la muerte a veces angustia y otras veces funciona como una razón para vivir con mayor intensidad. “La vida es corta” es uno de los clichés que se repite cuando alguien duda en torno a tomar una decisión crucial. Pero ¿qué pasaría si la vida dejara de ser tan corta? ¿Qué pasaría, más bien, si la existencia no tuviera un punto final?

El reciente estreno de Autómata actualiza temas relacionados con la tecnología y el futuro que se anticipaban ya en Metrópolis: la creación de seres artificiales, una obsesión humana de larga data. Cómo las representó la pantalla grande. Entrevista a Santiago Koval, autor de La condición poshumana: camino a la integración hombre-máquina en el cine y en la ciencia.

Este artículo busca demostrar que la apropiación social de nuestros dispositivos técnicos podría estar actualizando antiguas pulsiones relativas a una zombificación del ser humano. De manera que, en principio, podría sostenerse que una de las figuras que permiten describir al individuo contemporáneo es la del tecnozombi o zombi tecnológico, vale decir, un sujeto que, a raíz del vínculo intimista que establece con la tecnología, desarrolla rasgos y características que lo aproximan al imaginario zombi.

En los últimos años se observan dos posturas con respecto a la tecnología del 3D: el público, que demanda constantemente la sorpresa estética, y los profesionales y críticos de cine, que la conciben como la decadencia del sentido del cine clásico.

El éxito comercial y civil de los primeros robots y máquinas automáticas, sostienen Ray Kurzweil y Hans Moravec, provocará feroces competencias y acelerará las inversiones en infraestructura, ingeniería e investigación. Nuevas aplicaciones expandirán el mercado y traerán ulteriores avances, cuando los robots adquieran mayor precisión, memoria, fuerza, flexibilidad, habilidades y poder de procesamiento. Quizá para el año 2020, este proceso habrá producido los primeros robots universales, grandes como un ser humano y con mentes de una lagartija (10 000 MIPS), que podrán ser programados para casi cualquier tarea simple.

Doomsday clock - El reloj del fin del mundo

La primera generación de robots universales tendrá la capacidad de cálculo de un reptil y manejará solo contingencias cubiertas explícitamente en su programación. Una segunda generación de robots, de 300 000 MIPS, con una capacidad similar a la de un ratón, se adaptará al entorno y podrá ser entrenada. Una tercera generación, de 10 000 000 de MIPS, contará con un nivel de cálculo similar al de un mono y podrá aprender rápidamente por medio de modelos de simulación de factores físicos, culturales y psicológicos. Finalmente, producto de la combinación de sofisticados programas de razonamiento y máquinas de tercera generación , una cuarta generación de robots de 300 000 000 de MIPS presentará una capacidad similar a la de un ser humano adulto y será capaz de desarrollar pensamiento abstracto y generalización. Estos programas de razonamiento, mucho más complejos que los actuales sistemas expertos, apropiadamente educados, permitirán que los robots resultantes sean intelectual y emocionalmente extraordinarios.

“Darwin among the machines” es un artículo comúnmente olvidado escrito por Samuel Butler en 1863. El ensayo aplica los principios evolutivos de El origen de las especies (cuya primera edición había sido publicada por Darwin cuatro años antes, en 1859) a lo que él llama la “raza de las máquinas”. Publicamos aquí, por primera vez, su versión castellana.

¿Daremos lugar en algún punto de nuestra evolución técnica a humanos-mecánicos y a máquinas-humanas de manera que la idea que tenemos hoy de ser humano ya no tenga sentido?

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

Ponencia publicada en las 6tas jornadas de jóvenes investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani. Número 75. 10, 11 y 12 de noviembre 2011. ISSN 2250-4486. http://iigg.sociales.uba.ar/2011/11/07/6jji/

Por Santiago Koval.

Abstract

Ciencia real y ciencia ficción han construido durante los últimos años mundos posibles presentados como técnicamente probables, que no hacen otra cosa que retomar y reformular mitos tan antiguos como la humanidad misma. En particular, nuestros mitos contemporáneos giran alrededor de la idea de que las fronteras que separan al hombre de sus productos tecnológicos se irán perdiendo, hasta desaparecer, en el futuro cercano. En este nuevo orden de cosas, las nociones tradicionales de máquina y ser humano, día a día más cercanas, empiezan a perder sus atributos distintivos y resultan cada vez más homogéneas. En el punto extremo de las parábolas del discurso científico, la mente humana, máxima expresión de la capacidad organizativa de la naturaleza, se iguala al cerebro artificial, máximo estandarte de la capacidad creativa de la cultura. La búsqueda del Algoritmo de Dios, aquel conjunto finito claramente definible por fórmulas matemáticas que, con reminiscencias bíblicas, Dios usó en la noche de los tiempos para crear la mente humana, se presenta, así, como el más fuerte desafío al momento de intentar recrear, por el camino tecnológico, el secreto máximo de la existencia en un sustrato artificial.

1. Introducción

La llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) a partir de la década de 1970 produjo cambios de orden cualitativo en lo tecnológico realizable (lo que es técnicamente factible) y en lo tecnológico concebible (lo que es teóricamente pensable). Estas transformaciones se han expresado respectivamente en cambios de registro material y conceptual en nuestro espíritu de época, una nueva era en la historia de la humanidad signada por el uso cotidiano y natural de las tecnologías digitales. Tanto en el dominio de la ciencia real como en el de la ciencia ficción, los discursos relativos a la integración hombre-máquina, que discurren acerca de la fusión entre biología y tecnología, apuntan en conjunto a la idea de que las TIC darán lugar, en un punto cercano, a una singularidad tecnológica, punto histórico de inflexión y cambio trascendental expresado en la aparición de androides y poshumanos, figuras artificiales ontológicamente idénticas, e incluso superiores, a los seres originales en que se inspiran.

La revolución tecnológica iniciada con la llegada del microprocesador se ha consolidado en los años noventa a partir de la convergencia material y conceptual entre biología, ingeniería genética, electrónica e informática. La aplicación de regiones tecnológicas diversas al desarrollo de máquinas humanas y humanos mecánicos ha dado lugar a un régimen de nuevos desarrollos técnicos, expresado en el surgimiento de seres artificiales híbridos, a mitad de camino entre biología natural y tecnología cultural. Este conjunto de nuevas posibilidades ha ido transformando el horizonte narrativo de los discursos asociados a esta rama de desarrollo, alimentando conforme a ello las fantasías y aspiraciones de realidad en los centros de investigación más influyentes del planeta. La mayoría de estos centros se ubican en universidades e institutos especializados en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., y sus autores y principales promotores son mayormente inventores y especialistas en tecnologías de punta que han participado desde hace años en el desarrollo de las técnicas sobre las que ahora reflexionan.

La Prueba de Turing, propuesta en un famoso artículo publicado en 1950 por el matemático y filósofo Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y la informática moderna, consiste en un experimento destinado a comprobar si una computadora (una máquina universal de Turing ) puede pensar tal como lo hace un ser humano. La prueba consiste en un interrogatorio llevado a cabo por un humano que presenta una serie de preguntas a dos individuos ubicados detrás de sendas puertas, uno de los cuales es una máquina. Si el interrogador no puede distinguir cuál de los dos sujetos es el ser humano y cuál la máquina, entonces ésta ha pasado la prueba, y podemos afirmar de ella que tiene una capacidad de pensamiento análoga a la de un ser humano. Turing especulaba que para el año 2000 una computadora electrónica podría pasar aproximadamente un 30 por ciento de éxitos frente a un interrogador promedio durante un interrogatorio que durara cinco minutos.

1. Introducción

En los últimos años, el cine digital ha contribuido en gran medida con los avances que el cine clásico exigía para su progreso. Sin embargo, varios especialistas definen a este cine como autor un retroceso en la industria, que podría tener como consecuencia el fin de la misma. Tomando como punto de partida estas dos posturas podemos preguntarnos:

¿Podrá el cine digital en un futuro ser la causa del progreso y la solución ideal para las problemáticas cinematográficas o, por el contrario, dará origen a una “muerte” en el cine tradicional de película de celuloide?

Este  interrogante nos lleva a dos respuestas completamente desiguales. Por un lado se puede afirmar el próximo y positivo avance en el cine mediante las tecnologías digitales, mientras que por el otro contrariamente, se hablaría de un deterioro en el cine que abriría las puertas al fin de su esencia. Entretanto, la hipótesis de este trabajo sostendrá la primera postura debido a los exitosos resultados obtenidos por las tecnologías digitales en el campo cinematográfico durante los últimos treinta años, como así también a sus dificultades para imitar ciertas características del cine tradicional.

En los últimos años se ha desarrollado un nuevo paradigma sobre el futuro del hombre que comenzó a tomar forma en un grupo de científicos dedicados a la investigación en áreas como computación, neurología, biotecnología, nanotecnología y otras tecnologías de punta.