Archive for the ‘Filosofía’ Category

2001, una odisea del espacio o el salto de Kubrick en la simulación de mundos inefables


13 dic

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

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El paradigma de la realidad virtual: cuando la representación se niega a sí misma


11 oct

Ensayo escrito en 2011 por Ángela Cervellera para la materia Taller Multimedia, que dicto en la carrera Gestión de Medios y Entretenimiento, de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE, 2011).

1. Introducción

Resulta abundante el material literario y fílmico de ciencia ficción dedicado a proyectar mundos virtuales y realidades alternativas en futuros cercanos. La evolución de la representación desde los inicios del ser humano hasta la actualidad –nosotros, la cultura euroccidental- ha sido orientada, en efecto, a lograr representaciones cada vez más fieles al plano real, al mundo donde vivimos (Maldonado 1992, 20). Es de suponer que el mundo de las técnicas de la representación avanza hacia una aproximación cada vez más precisa y perfecta de lo que pretende representar.

Cabe preguntarnos, entonces: ¿es posible que la representación se convierta, o más bien reemplace, a la realidad representada? ¿Podría ocurrir que, debido a los altos niveles de similitud y exactitud entre los planos real y virtual, la representación se negara a sí misma?

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Presentación del libro: manual para la elaboración de trabajos académicos


30 sep

Disertación de Santiago Koval en la presentación del libro Manual para la elaboración de trabajos académicos. Investigar y redactar en el ámbito universitario (Grupo Editorial Temas, 2011), celebrada en la Universidad Argentina de la Empresa el 26 de septiembre de 2011.

Buenas noches, gracias por su presencia. Voy a comenzar mi charla hablando un poco acerca de mis motivaciones para escribir este libro, un texto que quiero escribir hace varios años. Cuando estudiaba y empecé mi carrera de grado comencé a leer textos teóricos sobre diversos temas como sociología, comunicación, filosofía, etc. y cuando los leía me daba cuenta de que había como dos niveles de discurso. Un primer nivel del contenido puramente dicho, es decir lo que el autor quería decir, el fondo (es lo que se conoce en semiótica como el “enunciado”); y un segundo nivel, el de la forma, es decir aquello que el autor usa como mecanismos argumentativos para decir lo que quería decir (lo que se llama “enunciación”). Y si bien el enunciado era importante y era en definitiva lo que era necesario conocer para aprobar las materias, empecé a preocuparme también por la enunciación. Y con el tiempo empecé a anotar y registrar las distintas herramientas metadiscursivas (o sea, esas partes o fragmentos del discurso que hablan acerca del mismo discurso) que usaban diversos autores para apoyar sus ideas. Por suerte, nos hicieron leer a grandes autores y escritores como Merton, Marx, Durheim, Foucault, entre muchos otros, que usaban grandes mecanismos de argumentación y entonces fui aprendiendo a reconocer las formas que tenían estos pensadores para defender lo que querían defender. Con el tiempo nos pidieron muchos trabajos escritos y eso me llevó a poder aplicar estos mecanismos de la enunciación a la generación de un discurso propio, cosa que nunca es fácil. Después de varios años de pequeños trabajos hice mi tesis y tuve que leer a Eco, Sabino y otros para entender cómo se hace una tesis. Porque para hacer una tesis hace falta manejar no solo el tema, sino además la forma en que dicho tema puede ser defendido a lo largo de casi 100 páginas.

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Ilustración y reforma punitiva: el principio panóptico del poder de castigar


11 sep

I. Introducción

En el decurso del siglo XVIII, la ciencia de la naturaleza, cuya tímida expansión había comenzado ya un siglo atrás, aceleró intensamente su cambio. Con él, todas las demás ciencias cobraron en poco tiempo nueva forma. El “Siglo de las Luces” o la “Época de la Filosofía” representaba, en palabras de D’Alambert, “una efervescencia general de los espíritus”. La multiplicidad y variedad de los ámbitos en que se movía el espíritu del hombre del siglo XVIII significaron el despliegue y el desarrollo completos de una fuerza por esencia homogénea, unitaria e invariable: la razón (Cassirer 1943: 19). Dentro de este nuevo estado general del conocimiento, que encuentra en la razón el criterio fundamental del espíritu conocedor, el derecho, y en particular el sistema punitivo, fueron objeto de grandes reformas dirigidas a la raíz misma de la economía del castigo. La importancia de estos cambios es un hecho incontestable en tanto que el sistema penal moderno hunde sus raíces en ellos. Este trabajo se propone como una aproximación a la naturaleza de este cúmulo de reformas punitivas vistas a la luz del marco de ideas iluministas que le prestaba fundamento. En particular, nos concentraremos en las ideas reformistas de Jeremy Bentham y en su principio panóptico del poder de castigar.

II. Clima de ideas en el siglo XVIII

El pensamiento del siglo XVII operaba por deducción sistemática: no se alcanzaba un verdadero saber filosófico hasta que el pensamiento no había logrado, partiendo de un ente supremo y de certeza fundamental, máxima e intuible, expandir la luz de esta certeza sobre todos los seres y saberes derivados. Antes bien, el siglo XVIII invierte los términos: el camino no es ya el de la pura deducción, sino el del análisis. No se comienza como antes con determinados principios para abrirse camino, por medio de deducciones abstractas, hasta el conocimiento de lo particular. Ahora, los fenómenos son lo dado y los principios lo buscado. Se busca el orden y legalidad absolutos de lo real que subyace a los hechos de la experiencia. Lo fáctico no es una masa inconexa de singularidades, sino que muestra en sí una forma que la penetra y la domina. Y esta forma se da en su determinabilidad matemática (Ibídem: 21, 22).

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Ludwig Wittgenstein: el dolor y la imaginación


11 sep

I. INTRODUCCIÓN

Este trabajo se propone abordar cuestiones esenciales a la filosofía de la comunicación tomando como eje algunas nociones teóricas de Ludwig Wittgenstein. Específicamente, se trata de arrojar una nueva mirada a la filosofía de Wittgenstein en general, y a su disolución gramatical de problemas metafísicos en particular, planteando sus contribuciones esenciales y haciendo hincapié en los escenarios que se abren a partir de ellas y en el papel que juega, en este proceso, la imaginación. Asimismo, se se consideraran algunos problemas que surgen de sus reflexiones acerca del dolor a la luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia médica.

Para el propósito de esta discusión hemos dividido el ensayo en cuatro capítulos o apartados: en primer lugar, un examen de la derivación del argumento analítico del ‘solipsismo increible’ a partir del dualismo cartesiano Äußeres/Inneres; en segundo lugar, un estudio de la disolución gramatical wittgensteineana del argumento solipsista; tercero, un análisis del concepto de imaginación en Wittgenstein y en Peter Nagel; en fin, una reflexión acerca del dolor en Wittgenstein a la luz de la noción multidimensional del dolor propuesto por John Bonica y John Loeser. Tal es, pues, el itinerario que proponemos al lector en estas páginas.

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Crítica al Dualismo Cartesiano


09 sep

I) Introducción

René Descartes, en su Meditaciones Metafísicas, plantea el modelo dualista que ha dominado el pensamiento occidental desde su época hasta nuestros días. A pesar de haber nacido el 31 de marzo de 1596, cuando ya finalizaba el gran siglo renacentista, Descartes se ha revelado a los ojos de todos como el primer hombre de la modernidad. La profundidad de su pensamiento ha influído en todas las áreas del pensamiento. Se ha considerado que marca el comienzo de una nueva era en la historia del pensamiento y de la filosofía. El objeto de este estudio, pues, es someter a analisis su obra, enfocando particular atención en su propuesta dualista, que se conoce como el dualismo cartesiano. Así, presentaremos primero la estructura y lógica de su pensamiento, pasando por su metodología, estudiando el hilo de su argumentación, pare llegar finalmente al planteo dualista que separa la mente del cuerpo. Más adelante, presentaremos algunas de las críticas más conocidas que se han planteado a su pensamiento, como por ejemplo, las de los filósofos Churchland y Ryle. No pretende ser este un análisis exhaustivo de su obra, pues dicha empresa implicaría un trabajo más minucioso y extenso. De modo que el presente estudio puede ser entendido como una presentación sucinta pero profunda del dualismo cartesiano y como una crítica específica a esa forma de pensamiento que tiende a oponer la mente al cuerpo y a manejarse de acuerdo a un conjunto de oposiciones binarias.

II) Metodología de pensamiento

El método es una parte decisiva en la filosofía de Descartes. Éste consiste en cuatro condiciones básicas. Primero, no admitir como verdadera alguna cosa que no se sepa con evidencia que lo es, es decir, sólo admitir aquello que se presenta de manera clara y distinta al espíritu. Segundo, dividir cada dificultad en cuantas partes sea posible para y en cuantas requiera su mejor solución. Tercero, conducir ordenadamente los pensamientos, esto es, empezar por los objetos más simples y fáciles de conocer para ascender gradualmente a los más complejos. Finalmente, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales que se llegue a estar seguro de no haber omitido nada. Así, Descartes se propone no tomar como verdadero nada que no sea conocido de manera clara y distinta. Para ello, en un primer momento inmanente de su filosofía, comienza a practicar lo que se conoce como la duda metódica.

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La interpretación saussureana del signo lingüístico


09 sep

I) Introducción

Para Ferdinand de Saussure (Ginebra, 26 de noviembre de 1857 – Ginebra, 22 de febrero del 1913) la lengua se puede representar como una serie de subdivisiones contiguas proyectadas a un tiempo en el plano indefinido de las ideas confusas y en el no menos indeterminado de los sonidos (Saussure 1998: 159). La lingüística, agrega, trabaja sobre el terreno limítrofe en que los elementos de los dos órdenes se combinan (Ibid: 161). Asimismo, Saussure no tarda en recordar que la elección que exige tal trozo acústico para tal idea es perfectamente arbitraria (Ibid: 161). Si este no fuera el caso, continúa, la noción de valor perdería algo de su carácter pues contendría un elemento impuesto desde fuera. Así, la naturaleza arbitraria, no motivada, del signo, tiene su fundamento en el hecho de que los valores siguen siendo enteramente relativos. La idea de valor determinada de este modo explica cuán ilusorio es considerar un término simplemente como la unión de cierto sonido con cierto concepto. Para explorar esta tesis, cabe dividir el análisis en los dos aspectos constitutivos del valor lingüístico: el conceptual y el material.

II) Aspecto conceptual

Cuando una palabra forma parte de un sistema, está revestida no sólo de una significación, sino también y sobre todo de valor. Un valor está siempre constituido por dos cosas: de un lado, por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar y, de otro, por cosas similares que se pueden comparar con aquella cuyo valor está en cuestión (Ibid: 163). El contenido de una palabra depende, en este sentido, sólo de lo que ocurre fuera de ella. Si existiera un sistema de conceptos predeterminado, habría correspondencia de sentido entre las distintas lenguas; pero no es así. No existen, dice Saussure, ideas dadas de antemano, sino valores que emanan del sistema. Cuando se dice que corresponden a conceptos se sobreentiende que son puramente diferenciales, definidos no positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los demás términos del sistema (Ibid: 165).

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El barón de Münchhausen y la autorreferencialidad


01 mar

“Un día, galopando por los bosques de Münchhausen, traté de saltar con mi caballo sobre una ciénaga que encontré en mi camino. En medio del salto descubrí que era más ancha de lo que pensaba, por lo que, suspendido en el aire, decidí volver atrás para tomar mayor impulso. Así hice, pero también en el segundo intento el salto fue demasiado corto y caí con el caballo no lejos de la otra orilla, hundiéndome hasta el cuello en la ciénaga. Hubiéramos muerto irremisiblemente de no haber sido porque, recurriendo a toda la fuerza de mi brazo, así con él mi coleta y tiré con toda mi energía hacia arriba, pudiendo de esta forma salir de la ciénaga con mi caballo al que también conseguí sacar apretándolo fuertemente entre mis rodillas hasta alcanzar la otra orilla.”

El baron de MunchhausenKarl Friedrich Hieronymus, el Barón de Münchhausen, (1720-1797), héroe de lo imposible, transgresor de lo real y bizarro narrador de hazañas imaginarias, fue un barón alemán que había servido como paje de Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Lüneburg, y que más tarde se unió al ejército ruso. Sirvió en él hasta 1750, tomando parte en dos campañas militares contra los turcos. Al volver a casa, Münchhausen narró varias historias increíbles sobre sus aventuras, que se transmitieron oralmente de generación en generación, y que fueron a la postre concentradas en el libro Las aventuras del Barón de Münchhausen.

La metáfora de la autorrefencialidad escondida en el relato del Barón que tira de sí mismo para salir del pantano, se usa como figura ilustrativa en filosofía y ciencias cognitivas para dar cuenta de los círculos viciosos de cognición en que se encuentra inmerso un investigador que intenta estudiar un objeto que es a su vez su herramienta de conocimiento (por ejemplo, un cientista cognitivo que pretende estudiar el fenómeno de la cognición). Los filosofos chilenos Maturana y Varela se sirven de esta misma imagen para ilustrar su concepto de autopoiesis, cualidad esencial de los seres vivos en tanto que entidades que se producen continuamente a sí mismos: “Los seres vivos son redes de producciones moleculares en las que las moléculas producidas generan con sus interacciones la misma red que las produce”.
 
El Barón de Münchhausen presta asimismo su nombre al Síndrome de Münchhausen, una alteración psicológica por la que la persona finge los síntomas de diversas enfermedades (o incluso, se las provoca, ingiriendo medicamentos o autolesionándose) para recibir atención y simpatía de sus pares.

Pascal y la existencia de Dios


01 mar

Blaise PascalEl infini-rien, hallado en el bolsillo de Blaise Pascal cuando murió, consiste en dos hojas de papel escritas en distintos momentos y con muchas tachaduras. Esta manera de trabajar no era habitual en él. Sus pensamientos acostumbraban a salir de manera pausada, ordenada, y eran plasmados con una caligrafía clara y sin apenas borrones. El filósofo, un buen racionalista, habría intentado dar una solución lógica al problema de la vida eterna pero probablemente fue el temor a posibles represalias lo que hizo que no escribiera un texto definitivo, y por tanto publicable, con sus reflexiones acerca de Dios y la vida tras la muerte. El texto en borrador consiste en un diálogo entre un maestro de fe convencida -Pascal- que anima a su joven discípulo a que aparque sus dudas y crea en Dios. Empieza planteando el gran dilema: ¿existe Dios o no? Se atreve a admitir, hecho nada usual en su época, que no puede responder. Sin embargo, no se detiene aquí y asigna una probabilidad indeterminada a que sí y la probabilidad opuesta a que no.

  • Tú puedes creer en Dios, si existe irás al cielo.
  • Tú puedes creer en Dios, si no existe no ganarás nada.
  • Tú puedes no creer en Dios, si no existe tampoco ganarás nada.
  • Tú puedes no creer en Dios, si existe tú serás castigado.

Además, Pascal creía en la moral cristiana, así que creer en Dios (y por ende en su religión) aportaba a la persona una moralidad positiva.

El argumento de la esperanza de Blaise Pascal

Apostar por Dios requiere practicar la fe aunque, como el maestro admite, sea un sacrificio ir a la iglesia, dar limosna y comportarse según los preceptos religiosos; pero defiende que la recompensa de la vida eterna compensa con creces por todo ello. El discípulo no cede fácilmente y recuerda que no está demostrado que haya un ser superior. Pero el maestro insiste: hay poco que perder y mucho que ganar.

El argumento de esperanza, denominado así por los comentaristas de Pascal, solicita que el promedio de nuestra felicidad sobre la probabilidad de que Dios exista sea positivo; es decir, que el placer mundano más la recompensa incierta de una vida eterna supere al sacrificio intrínseco de la religión.

Pascal concluye que se debe creer en Dios si hay una mínima probabilidad, diferente de cero, de que exista; porque el hipotético infinito de la vida celestial minimiza cualquier sacrificio en una vida finita. Con esta argumentación, de la que procede el nombre infini-rien, Pascal convence definitivamente al joven discípulo.

Acerca de Blaise Pascal

Blaise Pascal fue un matemático, físico y filósofo religioso francés. Sus contribuciones a las ciencias naturales y ciencias aplicadas incluyen la construcción de calculadoras mecánicas, estudios sobre la teoría de probabilidad, investigaciones sobre los fluidos y la aclaración de conceptos tales como la presión y el vacío . Después de una experiencia religiosa profunda en 1654 , Pascal abandonó las matemáticas y la física para dedicarse a la filosofía y a la teología .

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El idioma analítico de John Wilkins y el problema del universo homogéneo


01 mar

John WilkinsJohn Wilkins, hacia 1664, intentó formar un idioma general que organizara y abarcara todos los pensamientos humanos. Propuso un sistema de lengua artificial filosófica de uso universal basado en caracteres reales, que pudieran ser leídos por todos los pueblos en su propia lengua.  El idioma de Wilkins es distinto a otros intentos de unificar las lenguas en el sentido de que la mayor parte de los proyectos anteriores derivaban la lista de los caracteres del diccionario lingüístico de una lengua concreta, en vez de referirse a la naturaleza de las cosas. En cambio, el idioma de Wilkins nace como una clasificación ontológica del universo. Así, no es el reflejo de operaciones lingüísticas, ni de derivaciones de otros idiomas, sino una taxonomía directa del mundo real. En su diccionario, Wilkins dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies. Asignó a cada género un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de, quiere decir elemento; deb, el primero de los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento del fuego, una llama.

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Constructivismo radical: la realidad como construcción


10 feb

Así como en la teoría de la evolución el medio pone límites a los seres vivos (estructuras orgánicas) y elimina variantes que transgreden las posibilidades de vida dentro del espacio limitado, de la misma manera el mundo de la experiencia [...] constituye la piedra de toque para nuestras ideas (estructuras cognitivas).

Von Glasersfeld

Escher - Mano con esfera reflectante - Enero 1935

La historia de la epistemología gira en torno a dos grandes cuestiones: en primer lugar, la discusión sobre si existe una realidad objetiva, externa e independiente a nosotros; y, en segundo lugar, la relación que existe entre los sujetos cognoscentes y el mundo real. En este estudio trataremos de exponer los rasgos generales del constructivismo radical en tanto teoría que busca dar respuesta a estas dos grandes cuestiones para poder, finalmente, plantear algunos problemas que la misma suscita.

Antes de empezar, emprendamos un veloz viaje por la historia de la epistemología. La respuesta a la primera cuestión sólo ha sido negativa en el idealismo inmaterialista fundado por el obispo inglés George Berkeley. Él niega la existencia de toda materia y, por tanto, del mundo real, diciendo que la realidad, lo que nosotros vemos, no es más que una colección de ideas en nuestro espíritu. Berkeley afirma a su vez que, por ejemplo, una habitación fuera del alcance sensorial de cualquier ser humano, seguirá existiendo, pero no por ser material y ajena a nosotros, sino porque es una idea en el espíritu de Dios. Dios, espíritu creador, es quien ha puesto las ideas de las cosas en nuestro espíritu. De modo que somos víctimas de ilusiones, puesto que lo que nosotros percibimos a través de los sentidos no se corresponde con una realidad material objetiva, sino que está en nosotros mismos o, en el mejor de los casos, en el espíritu de Dios. Así, pues, podemos ver que en esta forma de idealismo extremo, la segunda gran pregunta de la epistemología sobre nuestra relación con el mundo real no tiene sentido. Sin embargo, fuera del idealismo extremo del obispo inglés -con excepción de Leibniz-, todas las teorías idealistas aceptan la existencia de una realidad externa e independiente a nosotros. De modo que la gran controversia de las teorías contemporáneas versa sobre la segunda cuestión, esto es, sobre la relación que existe entre el mundo objetivo y los sujetos en su calidad de organismos sensibles dotados de mecanismos de aprehensión de datos exteriores. De todo lo anterior se desprende que la respuesta a la segunda pregunta está íntimamente ligada a la de la primera, de forma tal que la primera condiciona a la segunda. Por este motivo, cabe advertir que en nuestro estudio el primer punto será considerado como un supuesto básico y primordial sin el cual no podríamos encarar una discusión sobre la epistemología contemporánea. En otras palabras, nuestro análisis se centrará en la segunda gran pregunta de la epistemología, a saber, cuál es la relación que existe entre nosotros y el mundo.

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