El uso del término líquido de Bauman para caracterizar a la sociedad dentro de la posmodernidad sirve no solo en un sentido general, sino que puede traducirse a la identificación de los individuos que la conforman. Seres proteicos regidos por la inmediatez de los acontecimientos y la satisfacción de necesidades, determinadas por el hedonismo y narcisismo son el objeto de estudio de este ensayo.

El siglo XXI, siglo de la posmodernidad, tecnología y globalización, nos acerca cada vez más a conductas anómicas que lo que queremos admitir. Desde sus inicios, el concepto de anomia ha sido utilizado con una connotación negativa para hacer referencia, en general, al estado de irregularidad de una sociedad enferma y perturbada, incapaz de cumplir con su función de freno moral al individuo. Sin embargo, ¿es la anomia capaz de proporcionar adelanto y progreso, o solo es caos y desequilibrio?

En el año 1948, Norbert Wiener publicó en Nueva York su Cybernetics, or Control and Communication in the Animal and the Machine (Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas), libro escrito en clave netamente matemática en el que propuso su teoría del control y la comunicación en máquinas y animales, que denominó Cibernética, palabra que hizo derivar de la voz griega kubernetes (Κυβερνήτης) o timonel, misma raíz de la cual procede el término gobierno y sus derivados.

Apocalípticos e integrados es un ensayo publicado originalmente en 1964, en el que Umberto Eco propone un análisis sobre la cultura popular y los medios de comunicación masivos. La obra presenta dos posiciones opuestas ante la cultura: la apocalíptica (quienes consideran que los medios de comunicación son nocivos y perjudiciales para la sociedad) y la integrada (quienes consideran que los medios cumplen funciones necesarias para el mantenimiento del sistema social).

Ray Kurzweil, gurú de Google en inteligencia artificial, aseguró que para 2045 los hombres alcanzarán la “inmortalidad” al traspasar su mente a una computadora. Un especialista analizó para Infobae las implicaciones tecnológicas, sociales y morales del posible avance. La idea de la muerte a veces angustia y otras veces funciona como una razón para vivir con mayor intensidad. “La vida es corta” es uno de los clichés que se repite cuando alguien duda en torno a tomar una decisión crucial. Pero ¿qué pasaría si la vida dejara de ser tan corta? ¿Qué pasaría, más bien, si la existencia no tuviera un punto final?

Charles Sanders Peirce (1839-1914) es considerado el padre de la semiótica moderna. Su visión de la semiótica se basa la noción de la estructura triádica que permite comprender al conocimiento como un proceso de significación. En este sentido, la función representativa de cualquier signo no radica en la relación que establece materialmente con un objeto exterior, sino en el hecho de que sea considerado como tal por alguna mente.

La vida es un fenómeno extremadamente infrecuente en el Universo, y más aun lo es la emergencia de especies inteligentes creadoras de tecnología. A tal punto, que no resulta inconcebible pensar que la Tierra pueda ser el único planeta donde surgió una civilización tecnológica.

Este artículo busca demostrar que la apropiación social de nuestros dispositivos técnicos podría estar actualizando antiguas pulsiones relativas a una zombificación del ser humano. De manera que, en principio, podría sostenerse que una de las figuras que permiten describir al individuo contemporáneo es la del tecnozombi o zombi tecnológico, vale decir, un sujeto que, a raíz del vínculo intimista que establece con la tecnología, desarrolla rasgos y características que lo aproximan al imaginario zombi.

En diversos lugares e inquisiciones, podemos encontrar menciones al concepto de simulacro, a veces llamado simulación o hiperrealidad en la obra borgeana, sobre todo, en sus textos narrativos y ensayístico-ficcionales. Para Baudrillard, lo irrepresentable del juego borgeano entre la cartografía equivalente al original es, precisamente, lo imposible de diferenciar en el clima espacio-temporal contemporáneo, pues, mediante la tecnificación de los dispositivos de realidad, es la misma referencialidad como lugar de esencia, centro o fuente, la que se ha extraviado en un vacío imposible de rastrear.

La Teoría de los Discursos Sociales de Eliseo Verón es un modelo teórico-metodológico para el análisis de la producción discursiva a partir del estudio de las gramáticas de generación y las gramáticas de reconocimiento que conforman a cualquier discurso en tanto que objeto de la realidad social.

A continuación, se presenta una definición de cuatro conceptos clave de la teoría de Eliseo Verón (Buenos Aires, 1935 – 2014), semiólogo argentino que dedicó su reflexión al análisis de los procesos sociales que intervienen en la producción de sentido. En particular, definimos aquí los conceptos de operaciones, poder, efecto ideológico y efecto de cientificidad.

Cuando franqueo con mi mente la vaporosa «nube» del ciberespacio, ¿no estaré dejando detrás de mí, detrás de todo, un cuerpo zombi? ¿No me estaré convirtiendo, atravesado como estoy por mis fetiches técnicos, en un tecnozombi?

Lars Von Trier, el inclasificable fundador, junto con Thomas Vinterberg (La celebración), de Dogma 95, propone con Anticristo un recorrido de suplicio medieval por los mitos fundadores, la teología, la naturaleza, la razón, los miedos y los recodos más oscuros de la mente humana.

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

 

I. INTRODUCCIÓN

Este trabajo se propone abordar cuestiones esenciales a la filosofía de la comunicación tomando como eje algunas nociones teóricas de Ludwig Wittgenstein. Específicamente, se trata de arrojar una nueva mirada a la filosofía de Wittgenstein en general, y a su disolución gramatical de problemas metafísicos en particular, planteando sus contribuciones esenciales y haciendo hincapié en los escenarios que se abren a partir de ellas y en el papel que juega, en este proceso, la imaginación. Asimismo, se se consideraran algunos problemas que surgen de sus reflexiones acerca del dolor a la luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia médica.

Para el propósito de esta discusión hemos dividido el ensayo en cuatro capítulos o apartados: en primer lugar, un examen de la derivación del argumento analítico del ‘solipsismo increible’ a partir del dualismo cartesiano Äußeres/Inneres; en segundo lugar, un estudio de la disolución gramatical wittgensteineana del argumento solipsista; tercero, un análisis del concepto de imaginación en Wittgenstein y en Peter Nagel; en fin, una reflexión acerca del dolor en Wittgenstein a la luz de la noción multidimensional del dolor propuesto por John Bonica y John Loeser. Tal es, pues, el itinerario que proponemos al lector en estas páginas.

A pesar de haber nacido hace casi 400 años, René Descartes, en su Meditaciones Metafísicas, planteó el modelo dualista que ha dominado el pensamiento occidental desde su época hasta nuestros días.

John Wilkins, hacia 1664, intentó formar un idioma general que organizara y abarcara todos los pensamientos humanos. Propuso un sistema de lengua artificial filosófica de uso universal basado en caracteres reales, que pudieran ser leídos por todos los pueblos en su propia lengua.  El idioma de Wilkins es distinto a otros intentos de unificar las lenguas en el sentido de que la mayor parte de los proyectos anteriores derivaban la lista de los caracteres del diccionario lingüístico de una lengua concreta, en vez de referirse a la naturaleza de las cosas. En cambio, el idioma de Wilkins nace como una clasificación ontológica del universo. Así, no es el reflejo de operaciones lingüísticas, ni de derivaciones de otros idiomas, sino una taxonomía directa del mundo real. En su diccionario, Wilkins dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies. Asignó a cada género un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de, quiere decir elemento; deb, el primero de los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento del fuego, una llama.

Así como en la teoría de la evolución el medio pone límites a los seres vivos (estructuras orgánicas) y elimina variantes que transgreden las posibilidades de vida dentro del espacio limitado, de la misma manera el mundo de la experiencia […] constituye la piedra de toque para nuestras ideas (estructuras cognitivas).

Von Glasersfeld

Escher - Mano con esfera reflectante - Enero 1935

La historia de la epistemología gira en torno a dos grandes cuestiones: en primer lugar, la discusión sobre si existe una realidad objetiva, externa e independiente a nosotros; y, en segundo lugar, la relación que existe entre los sujetos cognoscentes y el mundo real. En este estudio trataremos de exponer los rasgos generales del constructivismo radical en tanto teoría que busca dar respuesta a estas dos grandes cuestiones para poder, finalmente, plantear algunos problemas que la misma suscita.

Antes de empezar, emprendamos un veloz viaje por la historia de la epistemología. La respuesta a la primera cuestión sólo ha sido negativa en el idealismo inmaterialista fundado por el obispo inglés George Berkeley. Él niega la existencia de toda materia y, por tanto, del mundo real, diciendo que la realidad, lo que nosotros vemos, no es más que una colección de ideas en nuestro espíritu. Berkeley afirma a su vez que, por ejemplo, una habitación fuera del alcance sensorial de cualquier ser humano, seguirá existiendo, pero no por ser material y ajena a nosotros, sino porque es una idea en el espíritu de Dios. Dios, espíritu creador, es quien ha puesto las ideas de las cosas en nuestro espíritu. De modo que somos víctimas de ilusiones, puesto que lo que nosotros percibimos a través de los sentidos no se corresponde con una realidad material objetiva, sino que está en nosotros mismos o, en el mejor de los casos, en el espíritu de Dios. Así, pues, podemos ver que en esta forma de idealismo extremo, la segunda gran pregunta de la epistemología sobre nuestra relación con el mundo real no tiene sentido. Sin embargo, fuera del idealismo extremo del obispo inglés -con excepción de Leibniz-, todas las teorías idealistas aceptan la existencia de una realidad externa e independiente a nosotros. De modo que la gran controversia de las teorías contemporáneas versa sobre la segunda cuestión, esto es, sobre la relación que existe entre el mundo objetivo y los sujetos en su calidad de organismos sensibles dotados de mecanismos de aprehensión de datos exteriores. De todo lo anterior se desprende que la respuesta a la segunda pregunta está íntimamente ligada a la de la primera, de forma tal que la primera condiciona a la segunda. Por este motivo, cabe advertir que en nuestro estudio el primer punto será considerado como un supuesto básico y primordial sin el cual no podríamos encarar una discusión sobre la epistemología contemporánea. En otras palabras, nuestro análisis se centrará en la segunda gran pregunta de la epistemología, a saber, cuál es la relación que existe entre nosotros y el mundo.