Lars Von Trier, el inclasificable fundador, junto con Thomas Vinterberg (La celebración), de Dogma 95, propone con Anticristo un recorrido de suplicio medieval por los mitos fundadores, la teología, la naturaleza, la razón, los miedos y los recodos más oscuros de la mente humana.

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

Ponencia publicada en las 6tas jornadas de jóvenes investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani. Número 75. 10, 11 y 12 de noviembre 2011. ISSN 2250-4486. http://iigg.sociales.uba.ar/2011/11/07/6jji/

Por Santiago Koval.

Abstract

Ciencia real y ciencia ficción han construido durante los últimos años mundos posibles presentados como técnicamente probables, que no hacen otra cosa que retomar y reformular mitos tan antiguos como la humanidad misma. En particular, nuestros mitos contemporáneos giran alrededor de la idea de que las fronteras que separan al hombre de sus productos tecnológicos se irán perdiendo, hasta desaparecer, en el futuro cercano. En este nuevo orden de cosas, las nociones tradicionales de máquina y ser humano, día a día más cercanas, empiezan a perder sus atributos distintivos y resultan cada vez más homogéneas. En el punto extremo de las parábolas del discurso científico, la mente humana, máxima expresión de la capacidad organizativa de la naturaleza, se iguala al cerebro artificial, máximo estandarte de la capacidad creativa de la cultura. La búsqueda del Algoritmo de Dios, aquel conjunto finito claramente definible por fórmulas matemáticas que, con reminiscencias bíblicas, Dios usó en la noche de los tiempos para crear la mente humana, se presenta, así, como el más fuerte desafío al momento de intentar recrear, por el camino tecnológico, el secreto máximo de la existencia en un sustrato artificial.

Ensayo escrito en 2011 por Mauro Arismendi para la materia Taller Multimedia, que dicto en la carrera Gestión de Medios y Entretenimiento, de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE, 2011).

I. Introducción

Todos sabemos con qué velocidad avanza la tecnología, pero qué sucede cuando se emplea en ámbitos como la educación. En este trabajo, nos dedicaremos a mostrar una de estas formas de aprendizaje que se tratan de emplear desde 1995: la WebQuest. Se trata de una herramienta que forma parte de esta tendencia a incorporar el multimedia en todos los aspectos de nuestra vida, en este caso, en el aprendizaje en cualquier edad. WebQuest está compuesto por una serie de páginas con actividades destinadas a chicos que estudian tanto en niveles primarios como secundarios. El objetivo es promover la curiosidad y la autonomía de los alumnos. Para ello, el docente deberá estar atento en el modo en que logra que los alumnos se interesen por realizar dichas tareas.

Estas herramientas educativas han sido utilizadas en Estados Unidos y en España durante muchos años; desde el 2006, se han logrado grandes avances y se han creado sitios complejos con interesantes contenidos para que los niños aprendan sobre cualquier tipo de temáticas, incluso relacionadas con temas que son muy debatidos en la actualidad, como el bullying, dejando en claro que, además de la incorporación de contenidos y datos, se trata también de transmitir valores.

 

I. INTRODUCCIÓN

Este trabajo se propone abordar cuestiones esenciales a la filosofía de la comunicación tomando como eje algunas nociones teóricas de Ludwig Wittgenstein. Específicamente, se trata de arrojar una nueva mirada a la filosofía de Wittgenstein en general, y a su disolución gramatical de problemas metafísicos en particular, planteando sus contribuciones esenciales y haciendo hincapié en los escenarios que se abren a partir de ellas y en el papel que juega, en este proceso, la imaginación. Asimismo, se se consideraran algunos problemas que surgen de sus reflexiones acerca del dolor a la luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia médica.

Para el propósito de esta discusión hemos dividido el ensayo en cuatro capítulos o apartados: en primer lugar, un examen de la derivación del argumento analítico del ‘solipsismo increible’ a partir del dualismo cartesiano Äußeres/Inneres; en segundo lugar, un estudio de la disolución gramatical wittgensteineana del argumento solipsista; tercero, un análisis del concepto de imaginación en Wittgenstein y en Peter Nagel; en fin, una reflexión acerca del dolor en Wittgenstein a la luz de la noción multidimensional del dolor propuesto por John Bonica y John Loeser. Tal es, pues, el itinerario que proponemos al lector en estas páginas.

A pesar de haber nacido hace casi 400 años, René Descartes, en su Meditaciones Metafísicas, planteó el modelo dualista que ha dominado el pensamiento occidental desde su época hasta nuestros días.

1. Introducción

La llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) a partir de la década de 1970 produjo cambios de orden cualitativo en lo tecnológico realizable (lo que es técnicamente factible) y en lo tecnológico concebible (lo que es teóricamente pensable). Estas transformaciones se han expresado respectivamente en cambios de registro material y conceptual en nuestro espíritu de época, una nueva era en la historia de la humanidad signada por el uso cotidiano y natural de las tecnologías digitales. Tanto en el dominio de la ciencia real como en el de la ciencia ficción, los discursos relativos a la integración hombre-máquina, que discurren acerca de la fusión entre biología y tecnología, apuntan en conjunto a la idea de que las TIC darán lugar, en un punto cercano, a una singularidad tecnológica, punto histórico de inflexión y cambio trascendental expresado en la aparición de androides y poshumanos, figuras artificiales ontológicamente idénticas, e incluso superiores, a los seres originales en que se inspiran.

La revolución tecnológica iniciada con la llegada del microprocesador se ha consolidado en los años noventa a partir de la convergencia material y conceptual entre biología, ingeniería genética, electrónica e informática. La aplicación de regiones tecnológicas diversas al desarrollo de máquinas humanas y humanos mecánicos ha dado lugar a un régimen de nuevos desarrollos técnicos, expresado en el surgimiento de seres artificiales híbridos, a mitad de camino entre biología natural y tecnología cultural. Este conjunto de nuevas posibilidades ha ido transformando el horizonte narrativo de los discursos asociados a esta rama de desarrollo, alimentando conforme a ello las fantasías y aspiraciones de realidad en los centros de investigación más influyentes del planeta. La mayoría de estos centros se ubican en universidades e institutos especializados en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., y sus autores y principales promotores son mayormente inventores y especialistas en tecnologías de punta que han participado desde hace años en el desarrollo de las técnicas sobre las que ahora reflexionan.

Theodore Berger y su equipo del Departamento de Ingenieria de la escuela USC Viterbi han desarrollado una memoria artificial diseñada para roedores que es capaz de restaurar la capacidad de formar memoria a largo plazo.

En su experimiento, Berger y su equipo bloquearon la capacidad que tienen las ratas para formar memorias a largo plazo utilizando agentes farmacológicos que interrumpen el circuito nervioso que comunica las dos subregiones del hipocampo (la CA3 y la CA1, cuya interacción permite genera recuerdos a largo plazo).

Con los circuitos bloqueados, las ratas no lograban recordar qué palanca debían mover para recibir una cierta recompensa, o solo podían hacerlo entre 5 y 10 segundos.

Seguidamente, los investigadores insertaron en las mismas ratas un sistema de hipocampo artificial (una prótesis nerviosa, a modo de microchip, que hace las veces de hiupocampo y que permite la interacción entre las subregiones CA3 y CA1)  a fin de duplicar el patrón de la interacción entre ambas subregiones. La capacidad a largo plazo de la memoria regresó automáticamente con la activación del dispositivo electrónico.

INTRODUCCIÓN

Una de las tecnologías más importantes en la nueva sociedad tecnológica y post-industrial, denominada sociedad en red, es la robótica (Castells 1996). La visión de un mundo en el que el trabajo de los seres humanos pudiera ser reemplazado por el de los robots, proclamada por los expertos en robótica desde hace tiempo (Moravec 1999), no se ha cumplido aún (López Peláez, Krux 2001).

En la actualidad, es un tema que causa mucha controversia e interés pensar que en un futuro cercano, robots más avanzados tecnológicamente podrían llegar a convivir con los seres humanos en el ámbito público de nuestra sociedad, desempeñándose en empleos y tareas propias de nosotros. El avance del proceso tecnológico rinde sus frutos desde hace ya bastante tiempo y muchas tareas que anteriormente eran realizadas por el hombre fueron progresivamente dejadas a las máquinas.

La construcción de androides (seres artificiales idénticos a humanos) forma parte de la propensión natural del hombre a recrear y representar la realidad natural por medio de símbolos artificiales, que se remonta a los bisontes del hombre primitivo y se extiende hasta las modernas técnicas de realidad virtual del hombre posmoderno. Con el desarrollo de la cultura icónica en la civilización occidental a partir del siglo XVIII, esta tendencia a representar lo real se consolidó con una intensa producción de figuras e imágenes destinadas a ser experimentadas como más reales que lo real mismo, en una inclinación hacia una representación realista, verista y naturalista de las cosas. El antropomorfismo, como instancia particular de esta tendencia más general, se vio beneficiado, a partir de este siglo, por la preferencia de la representación realista de las figuras e imágenes destinadas, en su máxima expresión, a reemplazar al objeto representado. Ahora bien, ¿de dónde viene esa pulsión por crear androides y máquinas humanas?

Se podría pensar, de algún modo, que el antropomorfismo en la construcción de seres artificiales simplifica la tarea: es más fácil armar un ser absolutamente funcional si se parte de un modelo de funcionamiento perfecto, como el ser humano. El ingeniero que busca recrear en el artefacto mecánico la compleja dinámica del organismo humano, tiene a su disposición un modelo de arquitectura y estructura cibernética insuperable, producto de millones de años de evolución biológica, que le sirve de arquetipo en funciones y apariencias, y que le revela en todo momento las directrices fundamentales que deberá respetar a fin de tener éxito en su diseño artificial.

La Prueba de Turing, propuesta en un famoso artículo publicado en 1950 por el matemático y filósofo Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y la informática moderna, consiste en un experimento destinado a comprobar si una computadora (una máquina universal de Turing ) puede pensar tal como lo hace un ser humano. La prueba consiste en un interrogatorio llevado a cabo por un humano que presenta una serie de preguntas a dos individuos ubicados detrás de sendas puertas, uno de los cuales es una máquina. Si el interrogador no puede distinguir cuál de los dos sujetos es el ser humano y cuál la máquina, entonces ésta ha pasado la prueba, y podemos afirmar de ella que tiene una capacidad de pensamiento análoga a la de un ser humano. Turing especulaba que para el año 2000 una computadora electrónica podría pasar aproximadamente un 30 por ciento de éxitos frente a un interrogador promedio durante un interrogatorio que durara cinco minutos.