La Prueba de Turing, propuesta en un famoso artículo publicado en 1950 por el matemático y filósofo Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y la informática moderna, consiste en un experimento destinado a comprobar si una computadora (una máquina universal de Turing ) puede pensar tal como lo hace un ser humano. La prueba consiste en un interrogatorio llevado a cabo por un humano que presenta una serie de preguntas a dos individuos ubicados detrás de sendas puertas, uno de los cuales es una máquina. Si el interrogador no puede distinguir cuál de los dos sujetos es el ser humano y cuál la máquina, entonces ésta ha pasado la prueba, y podemos afirmar de ella que tiene una capacidad de pensamiento análoga a la de un ser humano. Turing especulaba que para el año 2000 una computadora electrónica podría pasar aproximadamente un 30 por ciento de éxitos frente a un interrogador promedio durante un interrogatorio que durara cinco minutos.

1. Introducción

En los últimos años, el cine digital ha contribuido en gran medida con los avances que el cine clásico exigía para su progreso. Sin embargo, varios especialistas definen a este cine como autor un retroceso en la industria, que podría tener como consecuencia el fin de la misma. Tomando como punto de partida estas dos posturas podemos preguntarnos:

¿Podrá el cine digital en un futuro ser la causa del progreso y la solución ideal para las problemáticas cinematográficas o, por el contrario, dará origen a una “muerte” en el cine tradicional de película de celuloide?

Este  interrogante nos lleva a dos respuestas completamente desiguales. Por un lado se puede afirmar el próximo y positivo avance en el cine mediante las tecnologías digitales, mientras que por el otro contrariamente, se hablaría de un deterioro en el cine que abriría las puertas al fin de su esencia. Entretanto, la hipótesis de este trabajo sostendrá la primera postura debido a los exitosos resultados obtenidos por las tecnologías digitales en el campo cinematográfico durante los últimos treinta años, como así también a sus dificultades para imitar ciertas características del cine tradicional.

Hace unos años, en el Zeitgeist 2006, Larry Page, co-fundador de Google Inc., aseguró que el objetivo final de Google para su motor de búsqueda era conseguir que sea capaz de entender cualquier cosa que solicite el usuario y que pueda buscar la información correcta de forma instantánea. Un motor de búsqueda que sepa exactamente lo que uno está buscando, que pueda entender las preguntas que se le hacen incluso mejor que uno mismo, y que pueda encontrar exactamente la información correcta y “responder” instantáneamente.

“La gente siempre asume que ya hemos hecho todo lo posible en las búsquedas. Están muy lejos de la realidad. Probablemente estamos a solo el 5 por ciento del camino para llegar al final. Queremos crear el motor de búsqueda definitivo que pueda entender cualquier cosa … alguna gente puede llamarlo inteligencia artificial”, afirmó Page en una entrevista realiza ese mismo año.

Como siempre, la ciencia ficción se adelanta a la ciencia real, y en 1968 Stanley Kubrick llevó a la pantalla grande a HAL 9000 (la sigla HAL se forma por las letras que preceden a la sigla IBM, y significa Heuristically programmed ALgorithmic computer). Se trata de una supercomputadora dotada de inteligencia artificial que domina por completo la nave espacial Discovery, tripulada por seres humanos que se dirigen al Planeta Júpiter, por motivos que solo HAL conoce.

Un sistema de inteligencia artificial es actualmente el mayor exponente de la mimesis del cerebro. Se trata de una máquina compleja compuesta, por lo general, por un código de programación (software) combinado con un soporte o sustrato físico (hardware).

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Ensayo escrito por Inés Bertrani para la materia Taller Multimedia, de la Universidad Argentina de la Empresa.

INTRODUCCIÓN

¿Podrán las máquinas antropomorfas en un futuro igualar o incluso superar a la inteligencia humana? En las últimas décadas, los discursos científicos y cinematográficos acerca de las nuevas tecnologías han generado una controversia acerca de la posible llegada de una “singularidad tecnológica”, expresada en el surgimiento de seres tecnológicos como el androide y el poshumano. Sin embargo, nuestra tesis de trabajo es que las máquinas jamás podrán superar al hombre, debido a que la mente humana es una estructura compleja, irreducible a fórmulas matemáticas, por ende no replicable. Así, negamos la posibilidad de una “singularidad tecnológica”, y el surgimiento de una inteligencia artificial dura, superior a la humana.

“Lo que necesitamos es generar herramientas que mejoren a las instituciones y que a su vez puedan crear herramientas más efectivas. Lo que quería [en 1951] (y lo que sigo buscando) es superar el coeficiente intelectual colectivo, hacernos más capaces.”

Douglas Engelbart.

En 1951, Douglas Engerlbart, nacido en 1925, dejó por completo todo lo que estaba haciendo para centrarse de lleno en el mundo de los ordenadores, y dedicó su existencia entera a desarrollar herramientas que aumentasen la capacidad y productividad humanas, proyecto de vida que le llevaría en 1968 al desarrollo de un dispositivo que revolucionaría la informática: el mouse o ratón.

Este dispositivo, que fue concebido inicialmente como un indicador de la posición x-y en la pantalla del ordenador para facilitar su manejo al usuario, como un intermediador entre la máquina y el hombre sin necesidad de comunicar al pc mediante instrucciones u órdenes, está inspirado en las ideas de Vannevar Bush (As we may think), quien en 1945 ya soñaba con “navegar” entre hipertextos con su máquina Memex.

El término ciborg, contracción lingüística de las voces inglesas cybernetic y organism, remite a un ser humano cuyo organismo ha sido sometido a un proceso de invasión tecnológica que le ha permitido, en algún sentido, superar las barreras biológicas, físicas y mentales de su propia naturaleza. Se trata de un ser originalmente humano que ha comenzado a adquirir atributos y propiedades antes reservadas a las máquinas, y se ha acercado a los productos de su propia tecnología. El ciborg es una entidad de naturaleza mixta, una criatura híbrida del imaginario cultural ubicada a mitad de camino entre la biología y la tecnología, hecha de máquina y humano, de carne y metal, de carbono y silicio, de genes y código binario.

La mitología cinematográfica asociada al imaginario ciborg nace tímidamente en 1935 en el filme “Las Manos de Orlac” (Stephen Orlac es un pianista impelido a actuar criminalmente por el influjo de las manos biológicas de un asesino que son implantadas quirúrgicamente en su organismo), continúa su rumbo en 1958 en “El coloso de Nueva York” (el cerebro de Jeremy Spenser, un prestigioso científico muerto en un accidente automovilístico, es insertado en un enorme cuerpo mecánico que opera como extensión física de sus capacidades mentales) y alcanza cierta madurez en 1964 en el filme “Dr. Strangelove” (el doctor Strangelove, ex científico nazi y asesor del presidente norteamericano, no logra controlar el impulso de un brazo mecánico implantado en su cuerpo que revela sus intenciones fascistas). Estos primeros filmes, limitados por la técnica pero prematuros en conceptos, reflejan desde el origen los miedos y fantasías asociados a la inclusión de extensiones artificiales en el organismo, y preparan de forma primitiva el imaginario vinculado a estas nuevas posibilidades técnicas.

En los últimos años se ha desarrollado un nuevo paradigma sobre el futuro del hombre que comenzó a tomar forma en un grupo de científicos dedicados a la investigación en áreas como computación, neurología, biotecnología, nanotecnología y otras tecnologías de punta.