«Los hombres hemos aspirado desde la Antigüedad a crear seres artificiales. Durante siglos el arte y la tecnología han contribuido a alimentar la ilusión de que se trata de un anhelo realizable. Santiago Koval, en este sugerente y documentado libro, indaga con fina inteligencia el modo en que el cine de ciencia ficción, desde la fundacional Metrópolis de 1926, ha reflejado y ayudado a moldear el imaginario moderno sobre robots, androides, ciborgs y poshumanos, renovado por la aceleración del desarrollo tecnocientífico que se produjo a finales del siglo XX». Dr. Diego Levis

La tecnología es el motor del cambio humano. Su evolución marca el ritmo de las civilizaciones, pero su influjo solo asume verdadera fuerza cuando viene acompañado por otra capacidad humana, que la precede y condiciona a todo momento: la imaginación. La proyección imaginaria, expresada por lo general en la forma de discurso, es el verdadero engranaje del desarrollo del medio social. Combinadas, tecnología e imaginación, forman una poderosa usina de transformación de lo real que ha ejercido presión sobre la cultura desde la noche de los tiempos.

El desarrollo tecnocientífico regula los límites de lo realizable (lo que se puede hacer), el discurso imaginario, las fronteras de lo concebible (lo que se puede pensar). El uno y el otro, retroalimentados y articulados íntimamente por la trama infatigable de la historia, despiertan en el seno social fantasías y aspiraciones de realidad entre lo posible y lo pensable, que se despiertan una y otra vez en el ideario colectivo.

Los hombres-máquinas ya no son personajes exclusivos de la ciencia ficción. Piernas y brazos artificiales, marcapasos, anteojos, autos, computadoras y demás prótesis, además de potenciar capacidades físicas, instalan una nueva forma de ser.

Jerry Jalava, Oscar Pistorius, Rob Spence, Nadya Vessey, Neil Harbisson, Kevin Warwick, Sterlac, Eduardo Kac, Jaime del Val y muchos más que, como la mayoría de la gente de este planeta, no salen en los diarios ni asomaron sus caras en la web pero que, aún así, están por ahí: personas hasta cierto momento “comunes y corrientes” que día a día destrozan los límites y las definiciones y confirman que o bien el ser humano está en vías de extinción o bien que se está convirtiendo en este mismísimo instante en otra cosa. ¿Por qué? Porque ellos (y ellas) son cyborgs, Robo sapiens o algo más que no comprenden del todo. Sólo saben que son distintos (pero no tanto). Que sus cuerpos se fundieron con aquellas herramientas forjadas para hacer más, ver más, querer más y que no pueden vivir sin ellas como la mayoría de las personas no conciben vivir sin un brazo, una pierna, una mano hasta que irrumpe una tragedia y altera todos los puntos de apoyo.

Yo, cyborg - Diario Critica Digital - Santiago Koval La condicion poshumana

Queriéndolo o no, adoptaron para sí una categoría inventada en 1960 por el neurofisiólogo e inventor Manfred E. Clynes y el psicofarmacólogo Nathan S. Kline para referirse a futuros y plausibles seres humanos “mejorados” con un fin adaptativo: sobrevivir en entornos extraterrestres. Y al tomar la palabra “cyborg” (fusión de organismo cibernético) como segundo apellido, la hicieron (tecno)cuerpo: dejaron de ver a las tecnologías protésicas como objetos-reemplazo y las incorporaron a su entorno corporal.

Por María Agustina Melchiori. Para el blog Hablando del asunto. Publicado el 09/01/09.

La condición poshumana no es sólo un texto analítico, sino una pieza de apreciación muy bien desarrollada, atrapante e instructiva, capaz de dejar en el lector una poderosa inquietud por conocer más sobre los avances que posibilitarían en un futuro cada vez más cercano, la concreción de uno de los sueños más ambiciosos del hombre.

María Agustina Melchiori

The matrix“, la idea de un homúnculo o un artefacto autoconsciente capaz de desprenderse de su creador atraviesa todas las expresiones humanas. Con especial énfasis en dos de los campos de mayor dinamismo: el científico y el artístico.

Desde el origen del término “robots” hasta la aplicación más moderna y la proyección sobre los diferentes tipos de inteligencia artificial, Santiago Koval aborda uno de los tópicos más explorados de la ciencia ficción: la cuestión poshumana. Entendida desde distintos aspectos que se ocupa de despejar y definir en la introducción y la primera parte de su trabajo, dicha condición implica una superación de la cualidad humana intrínseca, así como de la robótica, en pos de varias combinaciones de los dos aspectos de análisis.

Nota Revista Hombre - Junio 2009 - Nota completa

Aquí reproducimos la entrevista completa realizada a Santiago Koval por Silvio Speranza para Revista Hombre en junio de 2009.

Leer la nota en versión digital en Revista Hombre »

REVISTA HOMBRE: ¿Cuáles son los principales avances que se registran en la tecnología aplicada al hombre?

SANTIAGO KOVAL: Creo que uno de los mayores avances técnicos de los últimos tiempos es la íntima fusión lograda entre el ser humano y los productos de su propia tecnología. Se han realizado varios experimentos de laboratorio, cuyos resultados demuestran que se puede lograr una comunicación directa entre dispositivos electrónicos y nervios humano-biológicos. En 1998, por ejemplo, Kevin Warwick se implantó debajo de la piel un microchip con el cual fue capaz de controlar puertas, luces, calentadores y computadoras. Más tarde, en 2004, con un chip de mayor complejidad, Warwick se conectó a Internet desde Nueva York y logró mover un brazo robótico situado en el Reino Unido. Además, se le implantó también a su esposa un microchip, permitiendo así la primera comunicación electrónica entre dos seres humanos. Este tipo de descubrimientos abre el camino a la investigación orientada a lograr, en un futuro no muy lejano, una interfaz hombre-máquina natural y directa, que dará lugar al surgimiento seres tecnológicos de naturaleza mixta, hechos literalmente de máquina y humano, de carne y metal, de carbono y silicio, de genes y código binario. El ciborg, el poshumano, el robot, el androide y demás fauna artificial han empezado a abandonar los libros y las películas de ciencia ficción, y comienzan lentamente a invadir el escenario de la ciencia real.

REVISTA HOMBRE: ¿Cuál es la interacción entre estos avances y la sociedad humana? ¿Hay aceptación, escepticismo? ¿Se los toma como mejoras en la calidad de vida?

La teoría del valle inquietante o del valle inexplicable (en inglés, unncany valley), formulada por Masahiro Mori en 1970,  es un principio de la robótica que se refiere a las respuestas emocionales de los seres humanos hacia los robots, androides, replicantes y otras entidades no humanas. El principio sostiene que la respuesta emocional de un humano hacia una entidad en apariencia y funcionamiento muy cercano al humano incrementa positivamente y de forma empática hasta alcanzar un punto en el que la respuesta emocional se vuelve de repente fuertemente repulsiva. Cuando la apariencia y comportamiento del robot, androide o entidad no humana se vuelven progresivamente indistinguibles a los del ser humano, la respuesta emocional vuelve a crecer de forma positiva y se va aproximando a niveles de empatía como los que existen entre humanos.

El valle inquietante - El valle inexplicable

Definamos a una máquina ultrainteligente como una máquina que puede superar en todas las actividades intelectuales a cualquier hombre por más inteligente que éste sea. Siendo el diseño de máquinas una de estas actividades intelectuales, una máquina ultrainteligente podría diseñar incluso mejores máquinas; habrá entonces incuestionablemente una «explosión de inteligencia», y la inteligencia humana será dejada atrás por mucho. Por lo tanto, la primera máquina ultrainteligente es la última invención que el hombre necesitará hacer jamás. 

Irving John Good

El algoritmo de Dios – Inteligencia Artificial Dura y Poshumanismo trascendental

Según la tesis de la inteligencia artificial dura, derivada de la Prueba de Turing, es teóricamente posible recrear, por medio de una máquina electrónica, una mente humana. Todas las cualidades de la mente (la inteligencia, el dolor, el placer, la conciencia, el libre albedrío, etc.) emergerán de modo natural en forma de software cuando el comportamiento algorítmico de la computación alcance determinado nivel de sofisticación en el dominio del hardware. Llegará el momento, sostienen sus defensores, en que a causa de la creciente complejidad de sistemas computacionales emerja la inteligencia; es todo cuestión de tiempo. En última instancia, se trata de la cuestión acerca de si una fórmula algorítmica ejecutada por un programa apropiado en un sustrato digital dotado de suficiente poder de computación puede o no dar como resultado emergente la compleja naturaleza de la mente humana.

Por Diego Levis. Doctor en Ciencias de la Comunicación. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

¿Análogicos? ¿Digitales?  ¡Biológicos!

¿Pero hasta cuando?

Stelarc Ciborg A lo largo de los siglos los seres humanos nos hemos valido de diversos de dispositivos tecnológicos para mejorar, aumentar o regular nuestras capacidades. Hemos creado el vestido para protegernos del frío, del viento y del sol y por medio de herramientas e instrumentos creados por nosotros hemos aumentado artificialmente nuestra capacidad física para proveernos alimento y refugio.  Mazas y martillos nos ayudan a  golpear con mayor fuerza, anteojos con lentes de aumento nos permiten ver aquello que nuestra vista no alcanza distinguir con suficiente claridad, inventamos micrófonos y altavoces para potenciar nuestra voz,  dentaduras postizas, brazos y piernas ortopédicas de creciente sofisticación técnica,  audífonos y otras prótesis de diferentes tipos para reparar o mejorar artificialmente las funciones de un órgano o de un miembro de nuestro cuerpo (o parte de él).

Si estimamos la población humana en diez mil millones de personas, hacia el año 2099 un centavo de dólar de informática tendrá una capacidad de computación mil millones de veces superior a la de todos los seres humanos de la tierra. Por supuesto, puedo equivocarme en un año o dos.

Raymond Kurzweil

Por Santiago Koval. Enero 2009.

En algún punto entre 2030 y 2050, las máquinas, todopoderosas por el impulso constante de la técnica, sobrepasaron en intelecto y en emociones a los especialistas que las crearon. El afán incesante del hombre, cristalizado en el resultado máximo de sus aspiraciones demiúrgicas, dio a luz al cerebro artificial, último estandarte de la cadena creativa arraigada al origen de la humanidad misma. La progenie de máquinas resultante no demoró en organizarse de acuerdo a la lógica mecánica programada en sus circuitos.

La especie humana, abandonada a la omnipotencia de su nueva criatura, fue lentamente pereciendo, al punto de desaparecer en pocos años los últimos restos de su presencia en la Tierra. En el nuevo orden de hegemonía mecánica, la raza artificial comenzó a organizar los asuntos vitales por medio de criterios lógicos distribuidos en sus redes de información, poblando y repoblando el mundo de nuevas generaciones de máquinas cada vez más poderosas.

La idea de que la supuesta creación del hombre y los animales por Dios, el engendramiento de los seres vivos de acuerdo con su clase, y la posible reproducción de máquinas, forman parte del mismo orden de fenómenos, es emocionalmente perturbadora, tal como las especulaciones de Darwin acerca de la evolución y el origen del hombre fueron perturbadoras. Si fue una ofensa contra nuestro propio orgullo el que se nos comparase con un simio, ahora ya nos hemos repuesto de ello; y es una ofensa aún mayor ser comparado con una máquina.

Norbert Wiener (1964)
Dios & Golem, S.A.

El impulso tecnológico orientado a la integración entre hombres y máquinas (desarrollo de «máquinas-humanas» y «humanos-maquínicos») ha ido evolucionando de forma paralela al desarrollo de la informática y otras tecnologías de la información y la comunicación (nano y biotecnología, ingeniería genética, electrónica, etc.). Así, la explosión de las tecnologías digitales durante la década de 1970, y en especial en 1980 y 1990,. ha potenciado las posibilidades de creación de máquinas-humanas y humanos-maquínicos.

Este conjunto de nuevas posibilidades creativas generó -y al mismo tiempo fue generado por- un cúmulo de ideas y argumentos de científicos que provienen de centros especializados de investigación en robótica, cibernética, nanotecnología, ingeniería genética, biotecnología, informática, etc., como el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y de algunas de las más importantes universidades del mundo, principalmente en los Estados Unidos. Los autores que defienden la integración entre hombres y máquinas, entre los que se destacan Raymond Kurzweil, Hans Moravec, Bill Joy, Michael Knasel, Jack Dunietz, Thomas Sturm, Rodney Brooks y Nick Bostrom, notoriamente, no son profetas del futuro, futurólogos o escritores de ciencia-ficción, sino que, en la gran mayoría de los casos, se trata de inventores y especialistas en robótica y tecnología que, desde los centros más poderosos de investigación del planeta, han participado desde hace años en el desarrollo de las tecnologías sobre las que ahora reflexionan.

I. ACLARACIONES CONCEPTUALES 

¿La aplicación de las tecnologías digitales a los medios de comunicación social ha determinado sólo cambios cuantitativos o además cambios cualitativos en los procesos comunicacionales? La pregunta así formulada requiere previamente de dos aclaraciones conceptuales. Primero, ¿qué son las tecnologías digitales? Y segundo, ¿qué sería un cambio cualitativo en el marco específico de un proceso comunicacional, y en qué aspectos podría manifestarse?

En primer lugar, por tecnologías digitales pueden entenderse dos cosas distintas: de un lado, el conjunto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que atraviesan y conforman la llamada sociedad de la información; y, de otro, un soporte o un modo de registro de la información basado en algoritmos matemáticos. La diferencia no es menor en tanto que en el primer caso estaríamos hablando tanto de hardware como de software, mientras que en el segundo estaríamos refiriéndonos solamente al software. Para facilitar el análisis, en este ensayo consideraremos ambas nociones.

«Creo que podemos decir, sin exagerar, que la Revolución de la Tecnología de la Información, como revolución, nació en los 70».

Manuel Castells 
La era de la información (Alianza, 1997)

Las Tecnologías Digitales constituyen el conjunto de Tecnologías de la Información y la Comunicación que atraviesan y conforman la llamada «Sociedad de la Información». Las TIC son el resultado de la combinación de tres factores: primero, la robotización de los procesos industriales por el cruce de las computadoras y la cibernética; segundo, la telemática, combinación entre telecomunicaciones y computadoras; en fin, la digitalización de la información (Levis 1999)-.

Desde un punto de vista genealógico, es dable decir que las tecnologías digitales nacen a finales de los cuarenta; con todo, el origen de su gran revolución se puede ubicar sin duda a comienzos de los setenta (Castells 1997; Maldonado 1994). La década del setenta constituye un período fundamental en la historia de nuestro presente tecnológico al haber preparado el camino para la explosión global, décadas más tarde, de las tecnologías digitales. Como escribe Manuel Castells, “creo que podemos decir, sin exagerar, que la Revolución de la Tecnología de la Información, como revolución, nació en los 70” (Castells 1997, 70).

“No hay duda de que nos estamos aproximando a ese umbral crítico más allá del cual la ‘perfección de la ilusión’ se niega a sí misma, puesto que si la ilusión ya no se puede distinguir de la realidad no puede imaginarse ninguna ulterior perfección de la ilusión.”

Tomás Maldonado
Lo real y lo virtual

El conjunto de innovaciones técnicas que se ha dado en llamar Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), cuyo impacto a partir de los 70 ha dado lugar a la idea de un salto cualitativo en la evolución de la cultura, comenzó, a partir de esa misma época, gradual pero intensamente, a alterar las posibilidades de producción de imágenes. Siguiendo a Tomás Maldonado, las nuevas tecnologías, al potenciar y superar las posibilidades manuales de producción, propician la elaboración de figuras de alta fidelidad y de sorprendente realismo (Maldonado 1994, 55). Las representaciones de lo real alcanzan en nuestra era una “prodigiosa verdad realista” a raíz de la incorporación de las nuevas tecnologías digitales (Ibidem, 56). Las tecnologías ensanchan cualitativamente las capacidades de producción icónica promoviendo lo que Maldonado llama la «perfección de la ilusión».

Hiperrealismo digital - La perfección de la ilusión

Con todo, la contribución de las tecnologías digitales de producción icónica no sólo radica en su enorme capacidad para reproducir lo real, sino también, y quizá principalmente, en su extraordinaria capacidad para producirlo. Como escribe Román Gubern, “[l]a gran novedad de la imagen digital radica en que no es una tecnología de la reproducción, sino de la producción, y mientras que la imagen fotoquímica postulaba «esto fue así», la imagen anóptica de la infografía afirma «esto es así»” (Gubern 1996, 147). Así, en esta línea de pensamiento, Levis afirma que las técnicas digitales trasladan el poder del simulacro (copia sin original) a niveles de intensidad sin precedentes: “[e]l hecho de que sepamos que una imagen fotorrealista, de un naturalismo perfecto y preciso, puede representar algo que jamás se ha materializado delante del objetivo de una cámara, modifica la manera de mirar las imágenes como testimonio de aquello que ha sucedido o existido” (Levis 2001, 13). Y en palabras de Alain Renaud, “[…] las producciones de imágenes […] numéricas […] desarrollan […] una situación iconográfica completamente nueva: la Imagen Informática ya no es el término visible de un corte o de un encuadre óptico que manifiesta, por proyección […], una esencia objetiva atribuida anticipadamente al mundo y revelada por la mirada de un Sujeto universal y soberano” (Renaud 1990, 23).

I. ¿QUÉ ES LA TELEVISIÓN?

¿Qué es la neotelevisión [1]? ¿Cuál es su rasgo definitorio? ¿Qué la distingue de la televisión tradicional? Antes de responder estas preguntas es preciso dar primero respuesta a esta otra, más general: ¿qué es la televisión? Además de un medio audiovisual basado en la transmisión de ondas hertzianas, ¿qué define a la televisión como medio? ¿Cuál es su rasgo definitorio? Cuestión no menor si se considera su naturaleza maleable, su capacidad de cambio, su adaptabilidad. El medio televisivo, como tantos otros medios de alcance masivo, varía con la sociedad que lo consume. Con todo, se puede sostener que existe un rasgo central que permanece fijo, un núcleo irreductible sin el cual la televisión pierde su naturaleza como medio: mi presencia en tanto telespectador en el discurso televisivo. La televisión es, en esencia, alguien hablándome a mí a los ojos -el noticiero es en este sentido el género televisivo por ontonomasia-; un ‘yo’ presente interpelado en la mirada y en el discurso del enunciador televisivo.

Conversaciones con Fender Gebiet. Extraídas de Hablando del Asunto.

Fender Gebiet dijo (09.01.09):

No entiendo ciertos aspectos de libros como éste. Entiendo la limitación de espacio, y que haya que acotar porque supongo que no pretende ser una monografía definitiva, quizá apenas un enfoque fílmico con algunos antecedentes y análisis de contexto. Pero, aparentemente, el autor se saltea toda la literatura de robots, muy anterior a cualquier película y mucho más completa.

Es evidente que al soslayar un corpus tan voluminoso de libros y autores, muchas cosas que se han discutido sobre el tema se le han perdido al autor o han sido derivadas meramente de la obra cinematográfica, muchas veces incompleta.

Nombrando a Frankenstein quizá él se refiera a la bestia de Boris Karloff (aunque técnicamente “la criatura” no era un robot), y no comprenda que el monstruo de Mary Shelley es apenas un MacGuffin, que el tema no es lo feo y bruto que le sale el experimento sino el planteo moral del límite de la ciencia, hasta dónde el hombre puede ser Dios. En libro la criatura no es la protagonista, en absoluto.

“El hombre es un milagro evolutivo y no hay máquina que lo emule”.

Victor Gómez Pin

Víctor Gómez Pin, catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), recibió por Entre lobos y autómatas: la causa del hombre el Premio Espasa de Ensayo, creado en 1983 con el propósito de estimular la reflexión intelectual de habla española.

ALAN es un chatbot. También conocido como chatterbot, bot de chat, bot de charla o bot conversacional. Se trata de un sistema de soft programado con diversos lenguajes robustos de programacion que le han dado, desde el 1 de enero de 2000, una suerte de vida e inteligencia artificial, que se expresa en su capacidad dialéctica de mantener una conversación relativamente coherente con un ser humano, mayormente, a través de un teclado. Así, accesible desde el sitio AI Research, proyecto cientifico que busca desarrollar “una nueva forma de vida” por medio de la inteligencia artificial, ALAN se muestra abierto a todo tipo de conversacion e intercambio conceptual.

Alan Chatbot

Aquí unos pocos estractos de mis conversaciones, en inglés, con un chatbot que tiene ya nueve años, y que representa el estado del arte en el desarrollo de la AI en máquinas conversacionales:

El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, basándose en el uso de la razón aplicada bajo un marco ético sustentado en los derechos humanos y en los ideales de la Ilustración y el Humanismo.

Esta mejora se llevaría a cabo desarrollando y haciendo ampliamente disponibles tecnologías que aumenten las capacidades físicas, intelectuales y psicológicas de los seres humanos. Muchas de estas tecnologías ya existen o están en vías de desarrollo, y su aplicación a gran escala sin duda modificará a la sociedad de muchas formas, de modo análogo a la aplicación de las tecnologías informáticas en tiempos recientes. Es por ello que una extensa discusión sobre las formas en que la tecnología modificará a la sociedad es necesaria, para prever con acierto los escollos que puedan surgir y sus potenciales soluciones.

“El cyborg es un constructo cuyas prótesis le ayudan a superar características meramente humanas y lo convierten en un ser posthumano […] como figura de identidad posthumana en la actualidad, provee un marco teórico para estudiar estos mismos conceptos ya que está moldeado tecnológicamente de la materia del cuerpo físico y de narrativas culturales”

Luz María Sepúlveda

 
Sepúlveda, Luz María. 2004. La utopía de los seres posthumanos. México: Fondo Editorial Tierra Adentro 276, Conaculta/Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. 125 pp.

La utopia de los seres posthumanos - Luz Maria SepulvedaEl ensayo de Luz María Sepúlveda, La utopía de los seres posthumanos, que mereció el Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos en 2004, plantea un debate acerca de la corporalidad en los siglos XX y XXI y, en particular, acerca del uso de la tecnología orientada a manipular, invadir y representar el cuerpo humano. La autora detalla las nuevas estructuras de comprensión del mundo, en las que la técnica ocupa cada vez más un papel preponderante y se esboza una fuerte transición de lo material a lo inmaterial, en una tendencia, ya marcada por Karl Marx, por la que todo lo sólido se disuelve en el aire.

Las relaciones que en la era moderna eran de “producción y consumo”, se convierten, en la era posmoderna, en relaciones “de comunicación e interpretación”. En el fondo de esta tesis posmoderna de Sepúlveda se encuentra la conocida tesis de la inmaterialidad (enunciada, entre otros, por Tomás Maldonado), esto es, la idea de que la materia está desapareciendo progresivamente del planeta con consecuencias de caracter ontológico: el mundo se rige cada vez más por la vacuidad y arbitrariedad de un éter virtual que no se enraiza en ninguna materia, ni siquiera en el cuerpo individual.

I. RESUMEN

Se trata de estudiar la recepción de textos académico-argumentativos y la visualización de argumentos. En particular, pretendemos determinar cuán necesarios son los metaoperadores lingüísticos, en tanto indicadores explícitos de cohesión, para la adecuada comprensión de un texto académico-argumentativo o, dicho de otra forma, pretendemos estudiar el modo en que los metaoperadores intervienen en la asignación de roles argumentativos.

Los indicadores de cohesión son, como veremos, mecanismos o elementos lingüísticos de que se sirve un enunciador para indicar las relaciones lógico-semánticas que se establecen entre los enunciados presentados en secuencia. La pregunta capital que se encuentra pues en el origen de esta investigación es precisamente la siguiente: ¿son necesarios los indicadores explícitos de cohesión para que el lector logre asignar los roles argumentativos correctamente?

Orientados en esta dirección hemos realizado una investigación de campo a fin de determinar la función de los metaoperadores lingüísticos en la visualización de argumentos. A partir del análisis de los datos obtenidos hemos podido contrastar la hipótesis general de que los indicadores explícitos de cohesión cumplen una función importante en los textos argumentativos y que su presencia en superficie textual facilita en efecto la tarea de asignación de roles argumentativos.

Por Diego Levis. Doctor en Ciencias de la Comunicación. Docente titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Durante siglos, el hombre ha ido construyendo una imagen propia que tiende a oponer el cuerpo a la mente, término impreciso que en castellano se utiliza para describir procesos psíquicos de carácter cognitivo o para expresar la propiedad intelectual del alma (principio o sustancia volátil e inaprensible). En este transitar, ha separado los sentimientos de la razón, a la que le ha atribuido ser el rango distintivo de la naturaleza humana. Incluso, se ha pensado a sí mismo y al resto de los seres vivos como máquinas con características particulares vinculadas con sus sistemas de organización, y no con sus componentes: «[A] un sistema vivo lo define su organización y, por lo tanto, […] es posible explicarlo como se explica cualquier organización, vale decir, en términos de relaciones, no de propiedades de componentes».

En tanto «máquinas de razonar», desde hace siglos y en distintas épocas y lugares, los humanos hemos concebido la posibilidad de construir seres artificiales capaces de replicar parcial o totalmente distintas funciones de los seres naturales (desde los movimientos hasta el pensamiento). Estatuas articuladas que podían moverse y emitir sonidos en el Antiguo Egipto, estatuas que cobran vida en la Grecia Clásica y máquinas de pensar en la Edad Media europea, calculadoras mecánicas y autómatas con formas humanas y de animales en los siglos XVI y XVII, y más recientemente robots y computadoras, son algunos de los distintos intentos por conseguir copiar, imitar, aumentar o extender algunas de las capacidades naturales de los seres vivos, incluso la de transmitir vida por medio de sistemas artificiales (creaciones humanas). El punto culminante de este anhelo es la creación (o recreación) de seres humanos por medios no naturales.