La hospitalidad obligada

Lot y sus hijas Lot y sus hijas (Simon Vouet, 1633).

Por Laurentz Federico Stefanini Andriessen*.

“La hospitalidad ofrecida por la muerte es definitiva y sin retorno posible”.

Anne Dufourmantelle

Invitación (con advertencia)

Hace unos días propuse en un artículo el concepto de hospitalidad de Jacques Derrida, para pensar las medidas de emergencia sanitarias en tiempos de pandemia, aunque también en otros contextos.

He dicho que se me juegan cuestiones ineludibles o inagotables con ella y no tengo intenciones de quedarme con las ganas, por eso, esta nueva advenida, esta nueva invitación que ella siempre propone (al menos a mí). Me preguntaba si no había algo de peligroso…

No estoy del todo seguro de saber hasta qué punto los textos vienen a mí o yo voy hacia ellos. Probablemente, haya un entramado complejo y dialéctico en el trazado del destino, en el que hay una parte predeterminada (universal y particular para cada une), una azarosa (basada en acontecimientos contingentes), una yoica, una social (las realidades que cada une y cada sociedad puede crear o hacer de ellas), una subjetiva (en tanto, sujeto deseante) y una ex-sistente o real (en el sentido lacaniano, como aquello que escapa a lo simbólico e imaginario, aquello imposible, innombrable e inasible).

Siempre es bueno arrancar advertide, pero también hay algo de lo inevitable, de ser incautes.

Recientemente, leía un artículo de Judith Butler (gracias a los algoritmos del Facebook que lo puso ante mis ojos para que lo leyese), quien citó a Julio Cortázar en la Universidad de Berkeley de California en 1980. Me parecía una muy interesante advertencia, ya que esto no es otra cosa que una experiencia de lenguaje.

Yo creo que hay en sus palabras una idea freudiana y lacaniana del inconsciente y del lenguaje.

En este sentido, el de una advertencia que se adjunta a esta invitación, transcribo las palabras de Cortázar acogidas y retransmitidas por Butler:

“El lenguaje está ahí y es una gran maravilla y es lo que hace de nosotros seres humanos, pero ¡cuidado! antes de utilizarlo hay que tener en cuenta la posibilidad de que nos engañe, es decir, que nosotros estemos convencidos de que estamos pensando por nuestra cuenta y en realidad el lenguaje esté un poco pensando por nosotros, utilizando estereotipos y fórmulas que vienen del fondo del tiempo y pueden estar completamente podridas”.

Entonces, ¿qué intenciones tiene escribir este texto? Desde dónde parte y hacia dónde va. Por qué y para qué. ¿Son estas preguntas los requisitos para entrar a la escritura, a la hospitalidad del texto?

La hospitalidad como ley absoluta

Resulta muy interesante pensar en esos dispositivos que tienen por obligación o por ley recibir y alojar al otro “como viene”, con o sin presentación, con o sin conocimiento de quién es. Situaciones en la que la convivencia es inevitable. Pensar contextos cerrados, totalitarios, siempre es denso. Por lo general, en esos contextos el otro es otro absoluto, que aparece en toda potencia, diferencia y contraste. Es otro intolerable (por los motivos que fueren: étnicos, géneros, enfermedades, pobreza, consumos problemáticos, etc) y por esas causas son objeto de segregación, marginación, discriminación, violencia y muerte.

Derrida se pregunta sobre una posible herencia de poner a la hospitalidad como ilimitada, sin requisitos, dónde los huéspedes gozan de todos los derechos o beneficios aun en perjuicio de les propies familiares. Para ello, hace referencia a una situación que aparece en el Génesis (el primer libro de la Torá).

Permítaseme la recreación de la terrible escena:

Lot es un típico padre de familia omnipotente (patriarcal), dueño de casa, es quien hace, o mejor dicho, encarna las reglas de convivencia y de hospitalidad. Si bien es un padre déspota, también, es protector y defensor de la casa, del clan familiar y todo aquel visitante que acuda en búsqueda de abrigo o ayuda. Pero hay algo que se encuentra por encima de toda voluntad, una ley que él tiene incorporada: la ley absoluta e incondicional de garantizar el derecho de los huéspedes a ser cuidados y agasajados a toda costa, ley que está más allá de preservar el bienestar de sus propias hijas (se impone a modo de imperativo kantiano).

Cabe aclarar que Lot es un extranjero en Sodoma (antigua ciudad de Israel, destruida luego por Dios) que también lucha por su supervivencia, en un territorio donde sus ciudadanos son perversos, aberrantes, bárbaros, inmorales… monstruos que someten, perpetran y violan otras personas para satisfacer instintos que no caben en las categorías humanas o animales.

En ese contexto de amenaza constante, Lot aloja a huéspedes que vienen de otros lugares del mundo, les ofrece cobijo y protección ante los sodomitas. En una oportunidad, estos, a sabiendas del auxilio que Lot le daba a unos viajeros, le exigen que se los entregue para que puedan realizar sus actos inhumanos. A pesar de conocer sus intenciones, Lot es capaz de recibirlos y darle un gran banquete de cena y ofrecerles, además, quedarse a dormir en el granero. Pero los sodomitas no están dispuestos a abstenerse de sus propósitos y le exigen que entregue a los huéspedes. Observándose en esa coyuntura, Lot, para preservar el bienestar de sus alojados, les ofrece a sus dos hijas vírgenes. Y resalta esas condiciones, a saber, las de no haber sido penetradas antes por ningún hombre.

Era una oferta que difícilmente rechazarían esos seres. Entonces, las violaron toda la noche, tuvieron a su merced los cuerpos de las dos jóvenes para hacerles actos inimaginables despojándolas de toda dignidad humana. A la mañana siguiente, le fueron devueltas a su padre.

Es una escena bíblica muy cruda que da cuenta de lo inhumano que puede ser la hospitalidad absoluta.

Convivencia obligada

En el contexto actual de pandemia, con una emergencia sanitaria (similar a la de la gripe A en el año 2009), con gobiernos que se vieron obligados a tomar medidas extremas y excepcionales al respecto, casi todes nos vimos en la situación de convivencia obligatoria, 24/7, en los lugares donde moramos.

No es el objetivo central de este texto, pero no quiero dejar de mencionar mi opinión al respecto: desconfío. Desde que se empezó a tomar conocimiento por los medios de comunicación de la situación mundial en relación a la presencia del COVID-19, no pude evitar desconfiar de un discurso general masivo (médico, organicista, virológico, farmacológico, que rinde culto a los datos) que se impone como única verdad (con algunas variantes), a través de estadísticas y de las palabras de expertos, que la cantidad de contagios conforman una pandemia, que causa una significativa cantidad de muertes en personas mayores de 65 años y con factores de riesgo de salud o enfermedades preexistentes, pero que el elemento principal que impide que se “salven” más vidas tiene que ver con la incapacidad de los sistemas sanitarios de atender tantos casos que necesitan cuidados intensivos (sobre todo oxigeno). Que se me permita dudar de eso y sobre todo de los métodos utilizados masivamente para prevenir la cantidad de muertes. Creo que los efectos colaterales de las medidas tomadas globalmente, “parar” el mundo con confinamientos masivos, tienen consecuencias que no se pueden calcular todavía, pero ya son muy evidentes.  No pretendo enunciarlas, aunque si, emitir un posicionamiento critico antes de pasar al análisis del próximo escenario de “hospitalidad”. Innumerables son las consecuencias que se entremezclan con aspectos socioeconómicos, políticos, psicológicos, etc. 

El confinamiento obligatorio con fines preventivo hizo que muchas personas se vean sin otra opción que convivir más tiempo o todo el tiempo con la o las personas que ya convivían.

En un sistema machista, patriarcal y capitalista, que desde los humanismos y feminismos pretendemos poner en jaque para llegar a formas de vida más humanas y convivencias basadas en el respeto, en la igualdad de oportunidades, en la que los derechos humanos sean un punto de partida y no un objetivo (por momentos, utópico) a alcanzar, muchas personas se vieron forzadas a convivir en ámbitos de violencia.

No deja de ser significativa la cantidad de femicidios y travesticidios, aún en pandemia, que ronda cerca de un asesinato, una muerte por día (desde el 1ro de enero hasta el 30 de abril de este año se regitraron 117 femicidios). Lamentablemente, tampoco nos sorprende que las denuncias por violencia de género hayan aumentado casi un 40 por ciento en Argentina en lo que va de la cuarentena. Por lo general, el accionar de estas personas violentas consiste en una serie de manipulaciones que buscan aislar a la víctima para poder ejercer pleno dominio o control, sin la presencia de terceros que puedan obstaculizarlas. En este sentido, la medida sanitaria de confinamiento es solidaria con los propósitos de estos psicópatas. En aislamiento obligatorio y legítimo, las víctimas de violencias de géneros se encuentran aún más vulnerables y con más dificultades para salir de esa situación doble o triplemente impuesta.

Que la situación de cuarentena sea solidaria con la perpetración de situaciones de manipulación y violencia, no quiere decir, obviamente, que eso haya sido buscado. Aunque se ve claramente cómo el anfitrión (monstruo y jefe de la casa) tiene más facilidades para mantener a una mujer como rehén. Pero así como ésta hay otros tantos efectos secundarios o colaterales que directa o indirectamente afectan negativa y gravemente a ciertas personas y a sectores enteros de la sociedad.

El Estado es el gran host: ¿hospitalidad para todes?

“Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina”.

Preámbulo de la Constitución Nacional Argentina

Si pensamos al Estado Nacional como un host, un anfitrión, que tiene como función garantizar lo establecido en la Constitución Nacional, tiene la obligación de cuidarnos. No viene al caso que yo no esté de acuerdo con cómo llega planteado el tema de la pandemia, ni tampoco, con qué medidas se tomaron. Se entiende que como está definida la situación, el gobierno haya tomado prontamente medidas que elles (les gobernantes en conjunto con comités de expertes) creen mejores para afrontarla. Es parte fundamental del discurso político argumentar la implementación de un decreto de necesidad y urgencia para poder tomar medidas excepcionales necesarias para contrarrestar los daños de la pandemia: el cierre de las fronteras, el confinamiento obligatorio, etc. Dicho discurso, se basa bastante en lo anteriormente dicho y está muy en sintonía con lo que se transmite en general en otros países: Es prioridad la salud, la vida. La economía se puede recuperar, la vida no. Estamos ante un enemigo invisible. Nos cuidamos entre todos. El uso del barbijo protege al otro. Quedate en casa. Distanciamiento social, etc.

No podemos dejar de lado que este Gobierno asumió el poder hace apenas seis meses en un país en tremenda crisis, endeudado, que no tenía siquiera un Ministerio de Salud. Sin embargo, ha podido establecerse, contener y manejar la situación con firmeza y bastante buen resultado, hasta ahora.

Para paliar los efectos negativos de las medidas de emergencia sanitaria dispuestas, se han tomado otras medidas, (¿insuficientes? Puede ser), pero que guardan cierta lógica de cuidado y de representación del pueblo en general y tratando de ayudar a les más vulnerades (salarios, créditos, ley de despidos, etc).

Para hilar con lo antes dicho, habiendo dado cuenta de la peligrosa situación de muchas mujeres y LGBTI+ víctimas de violencia de género, es interesante que el Estado no haya  demorado en elaborar un “plan nacional de acción contra las violencias por motivos de género”.

Si hay algo cierto en todo esto, es que la pandemia puso de relieve todas las falencias del Estado en todos sus niveles. Todo lo que faltaba hoy se hace notar con más fuerza, todo lo que estaba en condiciones precarias hoy se hace más evidente… la desidia, la corrupción, el vaciamiento, los negociados…

Este nuevo gobierno se presenta con otras intenciones (que el anterior, que respondía a un modelo neoliberal) con un discurso de modelo nacional y popular, para fortalecer el Estado para garantizar derechos a todes les habitantes de la Republica Argentina.

¿Qué es de las personas en peores condiciones? ¿Qué pasa con las personas en situación de calle, personas con patologías mentales severas y personas con consumos problemáticos de sustancias psicoactivas en contexto de extrema vulnerabilidad social? Como todos los años esta es la época más difícil para ellas debido al frío invernal. ¡Qué difícil! Qué injusto saber sobre las condiciones de les internes del Hospital Borda, por ejemplo, donde hace muy poco una jauría de perros atacó a un paciente que terminó falleciendo por ese motivo. Hace un par de días debajo de un puente del barrio porteño de Constitución dormía una persona, que fue brutalmente asesinada, quemada vida. Y en la villas sigue faltando el agua. El accionar de las fuerzas armadas brutal, fuera de la ley, torturador y asesino. Etc… y así una larga y triste lista que da cuenta de la injusticia social que impera.

En la Ciudad de Buenos Aires, la Ciudad más rica del país, que concentra más recursos económicos, esas personas que no tienen un lugar, porque la calle no es un lugar para vivir pero tampoco uno para morir… tenían circuitos por donde estar, paradores, comedores, hogares de Cristo, centros comunitarios, etc. Con la imposibilidad para circular han quedado detenidas… Los paradores están atestados sin la posibilidad de garantizar los cuidados necesarios para evitar la propagación del virus en la población asistida. Tampoco se garantizan las condiciones para una convivencia más o menos armónica que posibilite el alojamiento.

Las personas que concurrían a un espacio de tratamiento por consumo problemático de sustancias tampoco han podido seguir haciéndolo, la mayoría de los centros asistenciales de abordajes más comunitarios y grupales han interrumpido su atención. Por lo general, se ha intentado continuar la atención por medio de celulares, pero lo cierto es que a las personas que necesitan más presencia no les alcanza o no les sirve lo que el teléfono pueda brindar. De hecho, las que más necesitan de un abordaje integral por toda su situación de vulneración de derechos y de consumo, si tienen un celular, lo venden para poder consumir, con lo cual dicha comunicación se ve imposibilitada. 

Por esto, y muchas cosas más, es necesario transformar estas realidades y, sobre todo, transformar los mecanismos y agentes responsables que hicieron que se produzcan estos hechos tan penosos, estas realidades que precarizan la vida, violando la dignidad humana hasta llegar a la muerte. En este caso, no podemos pensarnos como meros huéspedes de la Nación Argentina. Son necesarios muchos cambios, muchas reformas, en las que el pueblo tiene que ser protagonista, la clase trabajadora, les militantes por los derechos humanos, les feministas, les docentes… El pueblo es soberano cuando elije democráticamente a sus gobernantes, durante su gobierno, también somos responsables de hacer que gobiernen cumpliendo con los modelos socioeconómicos y políticos que representan y en pos de nuestros intereses, las necesidades del pueblo, en pleno cumplimiento de la Constitución Nacional. 

Sobre el autor

Laurentz Federico Stefanini Andriessen

Nacido en Brasil el 5 de junio de 1981. Llega a establecerse en Argentina en 1987 porque sus xadres se mudaron al país. Padre de dos hijes, Frida y Caetano. Tiene una formación (académica e informal) en humanismo, trabajos sociales, comunitarios y clínicos (en sus aspectos psicológicos) que aplica y se retroalimenta con sus trabajos. A partir de su inicio en el mundo del trabajo hasta la fecha se dedicó a trabajar por ese deseo que lo habita que tiene que ver con causas de injusticias sociales. Actualmente, trabaja en un dispositivo territorial del Gobierno de la Ciudad para el abordaje asistencial y comunitario de los consumos problemáticos de sustancias psicoactivas en el CeSAC 24 de Villa Soldati y en Casa Pueblo, una casa de atención y acompañamiento comunitario con perspectiva de géneros financiado por Sedronar, también, en la misma zona de vulnerabilidad social. Pero también ha pasado por la experiencia laboral con otras minorías como lo son las personas con patologías mentales severas en el Hospital Infanto juvenil Carolina Tobar García y  también con personas adultas de manera particular, con niños, niñas y adolescentes con problemáticas de consumos y, ahora, especialmente, con mujeres y disidencias en contexto de vulnerabilidad social. Se encuentra en su horizonte trabajar con los pueblos originarios y lxs extranjeros. Otro aspecto personal que pretende desarrollar con más fuerza es la potencialidad creativa y  artística.