Pareciera hasta obvio el correlato del coronavirus con la hospitalidad. Aunque, si nos detenemos a reflexionarla, empezaríamos a encontrar que en lo concerniente a la hospitalidad no hay nada obvio, nada cierto. Llevándola a su límite, a la hospitalidad absoluta o incondicional, Derrida, dice que ella no existe. Entonces, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a la hospitalidad? Yo empezaría por decir que ella es una cuestión cambiante que depende de cómo se la mire, de cómo se la piense. Empiezo a creer, también, que es inagotable y que es un instrumento no del todo aprehensible. Además, no se la puede dejar de lado, porque sucede que encuentra vigencia y viene a preguntarnos sobre los límites, las fronteras, los territorios y sus habitantes. Viene a sujetarnos. Es un concepto imposible. Es topológico. Es maleable. Me propone y me propongo a moldearla.

En este nuevo escenario mundial al que hemos sido arrojados en cuestión de semanas, las mismas preguntas resuenan, una y otra vez, en la conciencia colectiva: ¿qué ocurrirá si la pandemia (tal como fue declarada por la OMS el 11 de marzo) provocara muertes masivas en todas partes del mundo, diezmando en ello a la población mundial? ¿Podrá ponerse freno al avance del virus? ¿Habrá un segundo brote en países que parecen haber comenzado a levantar cabeza? ¿Tendrán lugar mutaciones cada vez más letales? ¿Es un virus natural o fabricado? ¿Somos víctimas de una conspiración? ¿A qué abismo se encamina el mundo? ¿Estamos ante un final de etapa?

En este artículo, se busca establecer una relación entre el concepto de dolor como fenómeno transversal a la humanidad, y su adaptación en la sociedad occidental contemporánea como lugar de lucha para los dispositivos de control de la medicina y la industria farmacéutica. Se toman como objetos de análisis algunas pautas publicitarias sobre la venta de medicamentos de circulación libre. A partir del análisis, se pretende develar algunas de las estrategias que utiliza la publicidad para nombrar, valorizar y combatir el padecimiento del dolor humano.

Lars Von Trier, el inclasificable fundador, junto con Thomas Vinterberg (La celebración), de Dogma 95, propone con Anticristo un recorrido de suplicio medieval por los mitos fundadores, la teología, la naturaleza, la razón, los miedos y los recodos más oscuros de la mente humana.

En 1640, Descartes quería llevar a su hija a Francia, en donde residía para ese entonces; pero, a sus 5 años, Francine falleció de escarlatina, una enfermedad que actualmente es poco común y de fácil tratamiento con antibióticos, aunque siglos atrás era fatal. Descartes llama a esto el mayor dolor de la vida. Se dice que poco después construyó un autómata: una muñeca con la perfección de las manecillas del reloj y a la perfecta imagen de su hija muerta.

Nuestro héroe es Niko Fisher, un joven berlinés que deambula por una ciudad llena de personajes tan cotidianos como improbables, de esos que esconden entre los dientes el sentimiento enajenante de vivir en cualquier ciudad occidental. El viaje de Niko será más moral que físico, porque mientras camine sin rumbo por las calles de una ciudad sin rostro irá midiéndose con los Otros, con esos que se encuentran, lo mismo que él, con más preguntas que respuestas.

El uso del término líquido de Bauman para caracterizar a la sociedad dentro de la posmodernidad sirve no solo en un sentido general, sino que puede traducirse a la identificación de los individuos que la conforman. Seres proteicos regidos por la inmediatez de los acontecimientos y la satisfacción de necesidades, determinadas por el hedonismo y narcisismo son el objeto de estudio de este ensayo.

El siglo XXI, siglo de la posmodernidad, tecnología y globalización, nos acerca cada vez más a conductas anómicas que lo que queremos admitir. Desde sus inicios, el concepto de anomia ha sido utilizado con una connotación negativa para hacer referencia, en general, al estado de irregularidad de una sociedad enferma y perturbada, incapaz de cumplir con su función de freno moral al individuo. Sin embargo, ¿es la anomia capaz de proporcionar adelanto y progreso, o solo es caos y desequilibrio?

En el año 1948, Norbert Wiener publicó en Nueva York su Cybernetics, or Control and Communication in the Animal and the Machine (Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas), libro escrito en clave netamente matemática en el que propuso su teoría del control y la comunicación en máquinas y animales, que denominó Cibernética, palabra que hizo derivar de la voz griega kubernetes (Κυβερνήτης) o timonel, misma raíz de la cual procede el término gobierno y sus derivados.

Apocalípticos e integrados es un ensayo publicado originalmente en 1964, en el que Umberto Eco propone un análisis sobre la cultura popular y los medios de comunicación masivos. La obra presenta dos posiciones opuestas ante la cultura: la apocalíptica (quienes consideran que los medios de comunicación son nocivos y perjudiciales para la sociedad) y la integrada (quienes consideran que los medios cumplen funciones necesarias para el mantenimiento del sistema social).

Ray Kurzweil, gurú de Google en inteligencia artificial, aseguró que para 2045 los hombres alcanzarán la “inmortalidad” al traspasar su mente a una computadora. Un especialista analizó para Infobae las implicaciones tecnológicas, sociales y morales del posible avance. La idea de la muerte a veces angustia y otras veces funciona como una razón para vivir con mayor intensidad. “La vida es corta” es uno de los clichés que se repite cuando alguien duda en torno a tomar una decisión crucial. Pero ¿qué pasaría si la vida dejara de ser tan corta? ¿Qué pasaría, más bien, si la existencia no tuviera un punto final?

Charles Sanders Peirce (1839-1914) es considerado el padre de la semiótica moderna. Su visión de la semiótica se basa la noción de la estructura triádica que permite comprender al conocimiento como un proceso de significación. En este sentido, la función representativa de cualquier signo no radica en la relación que establece materialmente con un objeto exterior, sino en el hecho de que sea considerado como tal por alguna mente.

Este artículo busca demostrar que la apropiación social de nuestros dispositivos técnicos podría estar actualizando antiguas pulsiones relativas a una zombificación del ser humano. De manera que, en principio, podría sostenerse que una de las figuras que permiten describir al individuo contemporáneo es la del tecnozombi o zombi tecnológico, vale decir, un sujeto que, a raíz del vínculo intimista que establece con la tecnología, desarrolla rasgos y características que lo aproximan al imaginario zombi.

En diversos lugares e inquisiciones, podemos encontrar menciones al concepto de simulacro, a veces llamado simulación o hiperrealidad en la obra borgeana, sobre todo, en sus textos narrativos y ensayístico-ficcionales. Para Baudrillard, lo irrepresentable del juego borgeano entre la cartografía equivalente al original es, precisamente, lo imposible de diferenciar en el clima espacio-temporal contemporáneo, pues, mediante la tecnificación de los dispositivos de realidad, es la misma referencialidad como lugar de esencia, centro o fuente, la que se ha extraviado en un vacío imposible de rastrear.

A continuación, se presenta una definición de cuatro conceptos clave de la teoría de Eliseo Verón (Buenos Aires, 1935 – 2014), semiólogo argentino que dedicó su reflexión al análisis de los procesos sociales que intervienen en la producción de sentido. En particular, definimos aquí los conceptos de operaciones, poder, efecto ideológico y efecto de cientificidad.

Artículo publicado en Rincón Fílmico

Por Santiago Koval

Basado en la novela corta de Arthur C. Clarke, El centinela, el filme de Stanley Kubrick, 2001, una odisea del espacio, es acaso el mayor esfuerzo jamás hecho por capturar en imágenes el esplendor del inconmensurable espacio exterior. Sin duda, el mundo de 2001 ya había sido representado previamente, pero la fidelidad estética plasmada por Kubrick conduce a un nuevo nivel de posibilidad expresiva y supone, iconográficamente, un salto cualitativo en la simulación de mundos inefables. En su búsqueda de la estética perfecta, es su rigor científico –el respeto obsesivo de las leyes de la física– lo que le permite captar, como un alquimista, la llama de lo consciente, lo animado y lo inerte. Se trata, en suma, de un hito del cine de ciencia ficción, una pieza maestra que retrata, con el ojo de Dios, un universo perfecto regulado por reglas y principios, una coreografía de cuerpos celestes orquestada por el pulso armónico del Danubio Azul.

 

I. INTRODUCCIÓN

Este trabajo se propone abordar cuestiones esenciales a la filosofía de la comunicación tomando como eje algunas nociones teóricas de Ludwig Wittgenstein. Específicamente, se trata de arrojar una nueva mirada a la filosofía de Wittgenstein en general, y a su disolución gramatical de problemas metafísicos en particular, planteando sus contribuciones esenciales y haciendo hincapié en los escenarios que se abren a partir de ellas y en el papel que juega, en este proceso, la imaginación. Asimismo, se se consideraran algunos problemas que surgen de sus reflexiones acerca del dolor a la luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia médica.

Para el propósito de esta discusión hemos dividido el ensayo en cuatro capítulos o apartados: en primer lugar, un examen de la derivación del argumento analítico del ‘solipsismo increible’ a partir del dualismo cartesiano Äußeres/Inneres; en segundo lugar, un estudio de la disolución gramatical wittgensteineana del argumento solipsista; tercero, un análisis del concepto de imaginación en Wittgenstein y en Peter Nagel; en fin, una reflexión acerca del dolor en Wittgenstein a la luz de la noción multidimensional del dolor propuesto por John Bonica y John Loeser. Tal es, pues, el itinerario que proponemos al lector en estas páginas.